'La pierna se me escurrió hacia atrás. Y el tipo se puso a gritarme por no firmarle. Después, un montón de aficionados se me echó encima', explicó Tiger Woods; 'mi peso sobre él, su peso yendo contra mí, la rodilla se me hiperextendió. Me han dicho que es un tirón'.
Esto le ocurrió a Woods, el mejor golfista del planeta, el miércoles por la tarde, después de jugar una ronda de entrenamiento en el campo de Pebble Beach (California), cuando, al salir del green del hoyo 18, pisó accidentalmente el tobillo de un cazaautógrafos que se le acercó demasiado. Esa noche, Woods dijo que dudaba de que pudiera jugar a partir de ayer el torneo de Pebble Beach, del circuito norteamericano: 'Tengo la rodilla hinchada: Ni siquiera puedo hacer el swing'.
Pero ayer fue distinto. Escoltado por 80 voluntarios por todo el campo, Woods salió a jugar una competición que ya ganó el año pasado y en el primer hoyo hizo birdie. Su intención es borrar una marca que no responde a su fama: no ha ganado ninguna de las cinco últimas que ha jugado, tres al final de la temporada pasada y dos en la actual.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 2 de febrero de 2001