El centro de información de carreteras dio cuenta de una acumulación de tapones de tráfico durante la jornada equivalentes a una cola de 260 kilómetros en la red de carreteras próxima a la capital, en vez de los 150 ó 160 kilómetros que se consideran normales en un día laborable. Otro conflicto provocó dificultades en el enlace entre París y Lyon por medio del tren de gran velocidad (TGV).
La única línea del metro parisiense que funcionó con normalidad fue la 14, precisamente la que no necesita conductores a bordo de los trenes porque están completamente automatizados. Todas las demás sufrieron una paralización casi completa, lo mismo que los trenes. Y eso que, según la dirección, sólo estuvieron en huelga el 22% de los 39.000 empleados del organismo de transportes de París. Los sindicatos hablan de un 70% en el metro y trenes de cercanías. La huelga fue poco seguida en los autobuses urbanos. En Francia no existen servicios mínimos.
El llamamiento a la huelga se debe a reivindicaciones salariales, a la exigencia de que se incrementen los efectivos y a la eventualidad de que se implante una decimotercera paga anual. Los convocantes no descartan repetir el paro el jueves próximo. Para la dirección de la RATP, la huelga se debe sobre todo a conflictos 'locales' provocados por la puesta en práctica de la jornada máxima de 35 horas, que podrían resolverse de forma dialogada en un par de meses, pero que se han crispado debido al descontento social que golpea a muchos sectores.
La huelga de ayer se produce en plena escalada de movilizaciones: la defensa del sistema de pensiones ha sacado a las calles a casi medio millón de franceses, y a ello le han seguido las reivindicaciones de los funcionarios para que el Gobierno les compense por la inflación registrada en 2000 (1,6% de crecimiento global), que fue superior a la revalorización acordada para sus retribuciones (0,5%).
El ministro de Economía, Laurent Fabius, estimó ayer que ir más allá en los sueldos de los funcionarios 'implica el riesgo de desequilibrar nuestras finanzas públicas'. Insistió en que el gasto público no debe aumentar 'demasiado', si no se quiere recurrir a incrementos de impuestos o del déficit, 'que son los impuestos de mañana'. Y anticipó que el crecimiento económico conocerá este año 'una pequeña reducción' respecto al ritmo de aumento del Producto Interior Bruto en 2000. Frente a la previsión del 3,3%, usada para la elaboración del Presupuesto de este año, el ministro cree que el crecimiento de Francia girará en torno al 2,8%-2,9%.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 2 de febrero de 2001