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LOS PROBLEMAS DE LOS INMIGRANTES

El fraile que secunda la huelga de hambre quiere ser 'voz de los sin voz'

No todos los encerrados en la iglesia del Pi son inmigrantes sin papeles. Francesc Costa, un fraile capuchino, de 43 años, también secunda la huelga de hambre, que en su caso ya ha durado 12 días y que, a pesar del sufrimiento, sigue considerando útil: 'La huelga está poniendo nerviosos a los políticos, lo cual ya es un éxito'. Este religioso ha planteado el encierro y la huelga de hambre como una acción de ayuda a los demás. 'Como me dijo uno de mis maestros, intento ser la voz de los sin voz'. Y lo está demostrando día a día con acciones de lo más terrenales. 'Igual saco la basura que cambio los rollos de papel higiénico', explica sentado en una barandilla del patio de la iglesia. También recuerda que durante los seis primeros días de huelga no abandonó sus obligaciones. 'Oficiaba una misa diariamente, aunque finalmente me ha sustituido otro hermano', explica. Y es que el cuerpo tiene sus límites. 'He perdido nueve kilos, y desde anteayer he tenido que aflojar el ritmo'.

¿Qué razones puede tener un fraile de vida tranquila para lanzarse a una acción tan desesperada? 'Estar aquí es lo único que puedo hacer por una gente que reivindica algo justo'. Y es esta pasión por demostrar que está con ellos lo que le ha convertido en uno de los huelguistas más populares de la iglesia del Pi. De hecho, los encerrados ven a este fraile como un auténtico compañero de batallas, y él lo agradece. 'A medida que pasan los días, la gente se va haciendo más abierta, te lo acaban contando todo', relata antes de asegurar que no puede comprender cómo se ha podido llegar a tales extremos. 'Lo que piden los huelguistas no es tanto, sólo quieren ser personas legales en su propio planeta'.

Este religioso no ha puesto ningún límite a su solidaridad con los inmigrantes. Lo justifica citando una frase de la periodista Maruja Torres. 'Yo tengo un perro, tiene papeles, y si lo vacuno puedo llevarlo al extranjero'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 2 de febrero de 2001