El termómetro del ajedrez comienza a subir: faltan tres días para la primera ronda del Ciudad de Linares, la cita más solemne de cada año. A pesar de las ausencias de los dos campeones del mundo, el indio Viswanathan Anand (oficial) y el ruso Vladímir Krámnik (oficioso), la 17ª edición no carece de grandes atractivos. Gari Kaspárov, de 37 años, parte como claro favorito, pero con matices, en una liga a doble vuelta contra cinco estrellas.
Anatoli Kárpov (49 años) reaparece en los grandes torneos. El español Alexéi Shírov (28) y el húngaro Peter Leko (21) están capacitados para triunfar. El ruso Alexánder Grischuk (17 años) es el nuevo astro. Y la húngara Judit Polgar (24) acostumbra a dar muchos disgustos. Es un gran torneo, a pesar de las dos grandes ausencias: Anand viaja por India para cumplir un compromiso con sus patrocinadores; Krámnik tardó demasiado en llegar a un acuerdo económico con el Ayuntamiento de Linares.
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Kaspárov tiene un 50% de posibilidades de ganar el primer premio en solitario, más un 15% de compartirlo, de acuerdo con un minucioso informe estadístico publicado por Jeff Sonas en el Club Kaspárov. Los números, y la lógica, indican que sólo Shírov y Leko pueden dificultar un paseo triunfal del 'número uno', quien recientemente superó en Wijk aan Zee (Holanda) a los ocho jugadores que le siguen en el escalafón, incluidos los dos campeones.
Sonas añade otros datos interesantes al analizar los resultados de los seis participantes durante los últimos meses. Ese baremo es el que se utiliza para elaborar la lista mundial en el tenis, mientras en el ajedrez cuentan mucho las actuaciones más remotas en el tiempo. Con ese criterio, la clasificación final de Linares quedaría así: 1º Kaspárov; 2º Shírov; 3º Leko; 4º-5º Polgar y Kárpov; 6º Grischuk.
Sin embargo, como también apunta Sonas, ese análisis resulta demasiado simple porque faltan elementos para despejar las incógnitas sobre los tres últimos. En primer lugar, hay una pregunta en el aire: ¿Por qué juega Kárpov? Es evidente que no lo hace por dinero: tiene mucho y, aseguran los organizadores de Linares, no se ha mostrado exigente con los honorarios. Cabe suponer, por tanto, que viene bien preparado. En ese caso, representa un peligro evidente, a pesar de su edad.
En segundo lugar, ¿hasta dónde llega la fuerza de Grischuk ahora mismo? El joven ruso estuvo casi siempre entre los mejores en los Campeonatos del Mundo infantiles desde que tenía 9 años, aunque sus resultados no fueron tan brillantes como los del español Francisco Vallejo, actual campeón del mundo sub-18. Pero de pronto ha explotado, especialmente en el reciente Mundial de Nueva Delhi, donde perdió en las semifinales ante Shírov. Su inmadurez es evidente, pero no es fácil calibrar hasta dónde ha progresado.
Por último, Polgar va a disputar su primera gran torneo de 2001 -no jugó en Wijk aan Zee- después de lograr muchos éxitos el año pasado. Ciertamente, su carrera está marcada por la tendencia al riesgo, peligrosa en un torneo tan exigente como el de Linares. Pero también es verdad que la madurez le ha aportado serenidad, y quizá haya llegado su gran momento. La conclusión lógica es que Kaspárov disputará diez partidas muy duras.
La fama de Linares
Linares y ajedrez son ahora sinónimos. Pero no deja de ser extraño que una ciudad jiennense de 60.000 habitantes se haya convertido en la cita anual obligada de las grandes estrellas del tablero. La clave se llama Luis Rentero, un comerciante hoy retirado por un grave accidente de coche. Incluso sin él, con el testigo de la organización en manos del Ayuntamiento, la vitola de prestigio se mantiene. Como suele decir el indio Viswanathan Anand, 2º del mundo, ausente en esta edición: "Quien triunfa en Linares gana el Oscar". ¿Por qué?
Las minas de plomo y la cornada mortal al torero Manolete en 1946 dieron fama a Linares. Pero lo que produjo una gran celebridad fue el ajedrez. Una encuesta aleatoria realizada por EL PAÍS en 1986 por las calles de Moscú y San Petersburgo (entonces Leningrado), dio un resultado sorprendente: Linares era la tercera ciudad española más citada por los viandantes, tras Madrid y Barcelona. Unos años más tarde, Rentero fue recibido en el Kremlin y jugó al ajedrez contra un cosmonauta en órbita desde una estación espacial.
En su juventud, Rentero pasó de repartir pan en una motocicleta a poseer una cadena de hipermercados que vendió por miles de millones de pesetas a una multinacional belga. Es posible que sus genes estén impregnados del espíritu emprendedor propio de un histórico cruce de caminos: en esas tierras hizo sus correrías Aníbal, cuya esposa, Himilce, nació en el vecino campamento romano de Cástulo. Rentero compró el hotel Aníbal y el restaurante Himilce; si sus paredes hablasen hoy, contarían muchos de los secretos del ajedrez mundial.
Dotado del inconformismo del general cartaginés, Rentero se acercó un día de 1980 a Anatoli Kárpov en Yugoslavia para convencerle de que jugase la tercera edición de su modesto torneo. El entonces campeón del mundo aceptó y arrastró a sus colegas de la élite. Rentero había dado el primer paso para convertirse en El Emperador de Linares. Pero el intríngulis está en el segundo. Entusiasmado por el apoyo popular a su idea -algunos escaparates lucían las fotos y banderas de los jugadores junto a ristras de chorizos y latas de conservas-, el artífice del Wimbledon del ajedrez encarnó la picaresca española para que su torneo fuera único en cuanto a combatividad, calidad de juego y fama mundial. Bajo el lema "sangre en todas las partidas", lo consiguió con primas especiales por cada triunfo, multas a los indolentes y una sucesión de escándalos cuyos detalles ocuparían varias páginas de este diario.
Uno de los más sonados ocurrió en 1989. El disidente soviético Víctor Korchnoi, dos veces subcampeón del mundo, se enteró al llegar al hotel de que el árbitro contratado por Rentero era Víctor Baturinski, excoronel del KGB, a quien Korchnoi había dedicado años antes las siguientes flores: "Debería ser ejecutado, descuartizado y arrastrado por las calles de Moscú por su destacado papel en las purgas de Stalin". Radio Nacional interrumpió aquel domingo el canto de los goles para narrar en directo la huida despavorida de Korchnoi.
Veintidós siglos después de que Himilce se uniera con Aníbal, el gran maestro yugoslavo Ljubomir Ljubójevic se convirtió en el ídolo local tras casarse con una linarense. Más allá de los cazadores de autógrafos y de la curiosidad por las rarezas de los ajedrecistas, los ciudadanos están muy orgullosos de su torneo. "Si algún partido político se atreviera a cuestionarlo perdería muchos votos", asegura Francisco Albalate, estrecho colaborador de Rentero. Preguntados por las causas de este fenómeno, del que hace dos años se hizo eco el diario estadounidense Wall Street Journal, los lugareños acuden al refranero popular: "Es que somos de Linares, donde tres huevos son dos pares".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 2 de febrero de 2001