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La policía serbia vigila la residencia de Milosevic 24 horas al día

El ex presidente de Yugoslavia Slobodan Milosevic vive todavía en la residencia presidencial, en el elegante barrio de Dedinje en Belgrado, y se encuentra 'bajo vigilancia las 24 horas del día', según declaró ayer el viceprimer ministro y ministro del Interior de Serbia, Dusan Mihailovic.

Las nuevas autoridades de Serbia y Yugoslavia se encuentran entre la espada y la pared. La comunidad internacional, con la fiscal del Tribunal Penal Internacional de La Haya Carla del Ponte como ariete, exige de Belgrado la entrega de Milosevic para juzgarlo como criminal de guerra. El presidente de Yugoslavia, Vojislav Kostunica, ve en Del Ponte un elemento desestabilizador y opone argumentos legales a la extradición de Milosevic.

Kostunica y la Oposición Democrática Serbia (DOS), que ya es poder, se mueven por el filo de la navaja. De un lado está la exigencia de entregar a Milosevic, que cada día será más fuerte y condicionará la ayuda económica a una Serbia arruinada. Por otra parte, los seguidores del ex presidente suman un tercio del electorado serbio y son gente muy militante. El Partido Socialista de Serbia (SPS) de Milosevic protesta contra la visita anunciada para el próximo día 8 de la troika de la UE y el jefe de la política exterior y de seguridad, Javier Solana. El SPS pide la detención de Solana como criminal de guerra.

Ese tercio que todavía apoya a Milosevic podría incrementarse a nada que la situación económica se deteriore aún más o se complique la situación en el valle de Presevo con el hostigamiento de la nueva guerrilla albanesa. Por eso Kostunica teme que entregar a Milosevic a La Haya tenga un efecto bumerán al convertir en mártir al déspota derrocado. En la tradición del victimismo serbio no sería rara una reacción en esta línea.

Las autoridades de Belgrado se encuentran en una situación difícil. Cualquier decisión puede traer repercusiones negativas. Si entregan a Milosevic para juzgarlo como criminal de guerra, aparecen ante una parte importante de su país como lacayos de los que durante 78 días bombardearon Yugoslavia. Si no lo entregan, pierden el apoyo y la ayuda económica internacional.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 2 de febrero de 2001