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CARTAS AL DIRECTOR

Los emigrantes de ayer

Magnífico artículo de Blanca Sánchez Arroyo publicado el pasado viernes 26 de enero (Los emigrantes de ayer), donde llama a las cosas por su nombre y destruye muchos tópicos infundados.

Pena que aparte de exponer unos hechos históricos (tremendamente relacionados y reveladores del presente) no haga ninguna propuesta para solucionar la situación actual. Permítanme hacer una. A mi entender, la raíz del problema actual de los inmigrantes radica de una postura absolutista del 'todo o nada', la más necia a la hora de solucionar problemas (la más inteligente suele ser el olvidado 'justo medio'). Sólo hay dos posibilidades: o se es ciudadano español con todos sus derechos o se es indocumentado. Otra postura más inteligente es la que adopta el Reino Unido con australianos, surafricanos y neozelandeses, a los que da visas de trabajo de dos años durante los cuales pueden trabajar pagando los mismos impuestos y asistiendo a la misma asistencia sanitaria, pero no tienen derecho a pensión ni paro (sus pagos van en beneficio de los británicos). Al finalizar el periodo es extensible por otros dos a cuatro años si el empleador puede demostrar que no puede razonablemente encontrar otro trabajador en el Reino Unido que realice el mismo trabajo o tenga las mismas habilidades (de esta forma se evita el mantener trabajadores 'más baratos que los autóctonos', al ser necesaria no sólo la voluntad del empleador, sino la falta de sustitutos válidos).

Esta solución tiene varias ventajas:

- Aclara la situación legal de los inmigrantes. Les pone en un marco legal claro y delimitado en el tiempo.

- Los inmigrantes, al no ser nacionalizados o hechos residentes de por vida, no serán una carga para España cuando lleguen las vacas flacas (a la vuelta de la esquina).

- Los visados de periodo limitado permiten un mayor control.

- Se provoca una rotación de gente beneficiosa para ambos países. Los inmigrantes que vuelven habrán aprendido unas prácticas democráticas que ayudarán a sus compatriotas, y otros de sus compatriotas tendrán oportunidad de viajar legalmente a España.

¿Se crean ciudadanos de segunda? Quizás sí, pero tampoco es justo que alguien que no ha contribuido nada a la riqueza de España (directamente al menos) se beneficie de sus servicios públicos sólo por poner el pie en el suelo. La otra opción es, probablemente, o estar indocumentado o la escasísima posibilidad de obtener la residencia.

Me imagino que tacharán mis ideas de retrógradas, pero al menos son justas y no hipócritas (y operativas, que no es poco).-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 2 de febrero de 2001