La flecha marca, imperiosa, la otra dirección. Pero la mirada de esta funcionaria del Ayuntamiento de Vitoria se dirige, soñadora, hacia el espacio abierto y neoclásico de la Plaza de España, reflejada en el cristal. Una estrecha lámina separa el deber de la libertad.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 2 de febrero de 2001