Matan a un cocinero de una comandancia de Marina y se denuncia a todos los cocineros vascos por no haber cerrado sus establecimientos: ayer Abc era casi un monográfico de esta caza de brujas como lo ha sido frente a partes de la Iglesia porque los jesuitas no quisieron celebrar un acto religioso del PP en homenaje a una víctima: ellos consideraron que era de propaganda, mientras el propio PP boicoteó el homenaje a Lluch porque era dialogante (cito Abc sólo como referencia y como portavoz; pero el diario se apoya en Savater).
Estos rasgos, junto a mil otros diarios en cada pueblo y discurso, me confirman que el triunfo del terrorismo (que empezó con la tregua no escuchada y denominada 'trampa') se está consiguiendo a través del antiterrorismo convertido en caza de sospechosos, partidarios, acobardados o lo que ellos llaman 'no beligerantes': una conmoción de la sociedad pensante.
Cuando digo ellos me refiero, claro, al presidente del Gobierno, que tiene una calidad de duro e inquebrantable, o 'inasequible al desaliento', como se decía en el anterior régimen; pero me refiero a los que, estando frente al nacionalismo vasco, son también nacionalistas vascos combativos, ardientes, militantes, beligerantes y acusadores de los demás. No matan, y eso les hace merecedores de solidaridad frente a quienes les amenazan (y a todos) y formidables en su muestra de valor cívico; pero me aterroriza que su postura defensiva les arrastre mentalmente a lo que nunca han sido. Están defendiendo su libertad de ideas, su españolismo vasco, lo que fue su pensamiento libre e independiente; pero no veo por qué han de ser perseguidores de otros si no es para aumentar la situación de guerra con el nombre de paz.
He comparado a veces este antiterrorismo tan peculiar al anticomunismo de la guerra fría que congeló el pensamiento de la izquierda: a partir de EE UU hasta toda Europa, y comenzó a demoler los partidos socialistas, radicales o simplemente izquierdistas; y se fue llevando intelectuales. No veo que en España esta caza de brujas vaya a atenuarse, sino todo lo contrario. Antes de que se me lleve por delante prefiero decirlo: por si sirve, por si alguien reflexiona, por si advierte que se puede estar contra el terrorismo sin denunciar a otros que no son ni quieren el terrorismo: sin ser un energúmeno.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 2 de febrero de 2001