Dice Antonio Negrillo (Jaén, 1960) que no entiende la poesía sin un compromiso social. Quizá porque conoce mejor que nadie que las fatalidades siempre se ceban con los más desfavorecidos ha decidido publicar un pequeño libro de poemas y dedicar toda su recaudación a los afectados por el terremoto de El Salvador. En El corazón de cada uno (Ediciones Los Caños) habla de los sueños truncados, del conflicto entre israelíes y palestinos y de la poesía comprometida de José Hierro.
Pregunta. ¿Por qué este gesto solidario?
Respuesta. Pienso que la poesía tiene que ser, ante todo, un vehículo para la solidaridad. Aprovechando la subvención de la Caja de Jaén he podido poner un precio asequible para el libro, 250 pesetas, aunque la cantidad que se recaude no dejará de ser una modesta aportación. Es probable que con esta iniciativa benéfica la gente lea un poco más mi obra, pero mi único objetivo es remover los corazones de la gente para combatir el sufrimiento del pueblo salvadoreño y denunciar que las tragedias siempre recaen en los más débiles.
P. ¿Qué quiere transmitir con su poesía de corte social?
R. De alguna manera, mi poesía intenta reflejar lo que ha sido mi vida, desde mi infancia en el barrio de La Magdalena hasta los personajes que más me han influido, como el pintor Carmelo Palomino, con el que me unía su pasión por el casco antiguo de Jaén. Hoy, por desgracia, las autoridades locales miran hacia otro lado y las políticas sociales y urbanísticas se dirigen a zonas con más intereses económicos.
P. ¿De dónde le viene su rebeldía?
R. De mi padre, un antiguo militante de izquierdas. Pero quien me introdujo en la poesía fue Gloria Salaverri, una mujer de Jaén que estuvo exiliada en Argentina durante la dictadura. Yo empecé a escribir mis primeras poesías en un fanzine que un grupo de amigos sacamos a la calle en los primeros años de la transición. Buena parte de mi obra tiene mucho de intimista y no ha visto la luz.
P. ¿Cuánto hay de utopía en su obra?
R. Es cierto que hablo mucho de los sueños, pero, como decía Truman Capote, alguien que no sueña es como quien no suda; almacena su veneno. Por desgracia, la mayoría de los sueños desembocan en pesadillas. Desde esa perspectiva sí que hay mucha utopía en mi poesía.
P. ¿Cómo define el estado de la nueva poesía andaluza y española?
R. Es cierto que estamos ante un cierto resurgir de la poesía. Pero yo percibo un trasfondo político detrás de muchos autores. Los poetas parece que caminan en diferentes barcos, y yo creo que la poesía debería servir para unir y no para dividir.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de marzo de 2001