Vila aseguró que ha mantenido conversaciones con la directora de Patrimonio madrileña, Victoria Marín, y el alcalde de Torrelodones, Enrique Muñoz, y 'ambos han mostrado su voluntad de favorecer que el claustro retorne a su lugar de origen'.
Pero la última palabra la tiene la empresa SHL, que ya ha reiterado su intención de conservar la joya arquitectónica, desmontada del cenobio en 1920, como uno de los atractivos del futuro centro hotelero. Esto supone un fuerte revés a las aspiraciones de la Generalitat. Además, pone en entredicho a la ex directora general de Patrimonio en Valencia, Carmen Pérez, que en 1999 anunció que el gobierno madrileño había autorizado el traslado del claustro, y aventuró incluso que estaría en Santa María 'en tres meses'.
Los plazos no sólo no se cumplieron, sino que el pasado mes de diciembre, la directora general de Patrimonio en Madrid, Victoria Marín, aseguró que el acuerdo 'nunca se plasmó por escrito' y que no hubo ninguna resolución al respeto por parte de las administraciones. Marín agregó que, año y medio después, la sucesora de Pérez en Patrimonio, Consuelo Ciscar, no se había dirigido a su departamento para reanudar las conversaciones. La dirección de Patrimonio en Valencia dijo entonces que había nombrado al arquitecto responsable de las obras de rehabilitación, Salvador Vila, como 'nuevo intermediario' de la Generalitat en las negociaciones con Madrid y SHL.
La última remodelación del Gobierno presidido por Eduardo Zaplana, paralizó de nuevo el proceso. Ciscar fue sustituida por Carmen Nácher, quien esta misma semana ha dado su conformidad a Salvador Vila para retomar las conversaciones, según manifestó ayer el arquitecto. No obstante, la decisión de la propietaria parece firme.
La falta de diálogo entre las dos administraciones autonómicas también ha quedado patente en el hecho de que la dirección de Patrimonio de Madrid no comunicara a sus homólogos en Valencia su intención de autorizar la conversión del palacio del Canto del Pico en un hotel de cinco estrellas. Varios miembros del Consejo Regional de Patrimonio del gobierno autonómico madrileño han mostrado su disconformidad con que el claustro gótico regrese a su enclave en el Palau del Abad del monasterio de Santa María.
Los planes de SHL han generado inmediatas reacciones en la Valldigna. El portavoz de Nacionalistes de la Valldigna y edil del Ayuntamiento de Benifairó, Jesús Ferrando, cuestionó ayer 'la verdadera voluntad' de la Generalitat por recuperar el monasterio cisterciense. 'Llevamos años oyendo promesas que al final no se plasman en hechos', se lamentó. El concejal recordó que el Gobierno valenciano ha destinado este año 'un presupuesto irrisorio', de 25 millones de pesetas, para obras de recuperación del cenobio cisterciense, el único del antiguo Reino de Valencia y uno de los más influyentes de la Corona de Aragón.
En el mismo sentido se pronunció el socialista Vicente Palomares, alcalde de Simat y presidente del Consorcio de la Valldigna. Palomares señaló que el retorno del claustrillo del Palau del Abad es 'una reivindicación histórica' de la comarca de La Safor-Valldigna. 'Por las conversaciones con la Generalitat pensábamos que el tema estaba ya desbloqueado y ahora nos enteramos de que no', denunció. El alcalde anunció que convocará una reunión de los miembros del consorcio, que integran los ayuntamientos de Barx, Simat, Benifairó y Tavernes de la Valldigna, para 'adoptar medidas e instar al Gobierno valenciano a reanudar las negociaciones'.
Medio Ambiente recela
El edificio está declarado, desde 1930, 'monumento histórico artístico'. Por ello es necesario que Patrimonio de Madrid autorice la 'desafección' de la pieza del resto del monumento. El palacete se encuentra además enclavado en el paraje regional protegido del Manzanares. La conversión del mismo en hotel debe ahora recibir el visto bueno de la Consejería de Medio Ambiente de Madrid, que en principio ve con recelo el plan.
La propuesta original de la Generalitat a los propietarios del claustro consistía en la compra del mismo por 20 millones y la construcción de una réplica, con un presupuesto de 60 millones.
Fue el conde de las Almenas, José María del Palacio y Abárzazu (1866-1940), un enamorado del arte gótico, quien en 1920 mandó desmontar piedra a piedra el claustro para reconstruirlo en su palacio madrileño. El palacio fue residencia de nobles, cuartel del ejercito republicano y lugar de descanso de Francisco Franco. En 1988 fue adquirido por SHL.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de marzo de 2001