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AJEDREZ

Ver con la mente

Shírov y el campeón de España de invidentes exhiben su capacidad para jugar a la ciega

"La mayoría de las personas ve con los ojos. Nosotros lo hacemos con la mente". Lo dice el yugoslavo Milenko Cabarkapa, uno de los mejores jugadores ciegos. Pero los profesionales de la élite también desarrollan esa capacidad, como demostró ayer el español Alexéi Shírov durante el día de descanso en el torneo de Linares, al ganar con brillantez una partida de exhibición contra Manuel Palacios, campeón nacional de invidentes. La modalidad a la ciega permite hazañas que cuestionan los límites humanos: el récord está en 52 partidas a la vez sin ver las piezas.

Si un profano hubiera entrado ayer por causalidad en el escenario del Wimbledon del ajedrez habría pensado que los ajedrecísticas son realmente excéntricos. ¿Qué hacían allí, muy concentrados, Shírov, Palacios y el árbitro (Jesús García Callejo), sin un tablero en el medio? De vez en cuando, uno de ellos cantaba en voz alta su jugada y apretaba el reloj. De pronto, Palacios se colocaba un auricular para que el reloj, especial para ciegos, le dijese cuánto tiempo le quedaba.

Producían belleza, con el mérito añadido de memorizar la situación de todas las piezas sin equivocarse ni una sola vez. En una partida de calidad, Shírov confirmó que los ajedrecistas no necesitan un tablero para crear combinaciones brillantes. Y no sólo los de élite: es frecuente ver a dos jugadores de nivel medio discutiendo sobre una partida en el restaurante, el taxi o incluso la discoteca sin más herramientas que su imaginación.

Otra cosa es bucear en la historia del ajedrez para quedarse pasmado con las grandes exhibiciones: el húngaro Janos Flesh logró en 1960 la marca de 52 partidas simultáneas a la ciega (31 victorias, 18 empates, tres derrotas), si bien no existen garantías sobre cómo se desarrolló la sesión. Pero sí las hay en otros casos. Por ejemplo: George Koltanowki (50 tableros, 1951), Miguel Najdorf (45, 1946), Alexánder Aliojin (32, 1932) y Ricardo Reti (29, 1925). A Koltanowski le pertenece aún el récord de partidas a la ciega consecutivas, no simultáneas: 56, en 1961, a lo largo de 9 horas y 45 minutos, a un ritmo de 10 segundos por jugada; ganó 50 e hizo tablas en seis.

Una de las hazañas más impresionantes y fiables es la del estadounidense Harry Pillsbury en 1902, cuando se enfrentó a 21 participantes del torneo de Hamburgo. Teniendo en cuenta que todos ellos alcanzaron la categoría de gran maestro en los años siguientes, el resultado es admirable: tres victorias, once empates y siete derrotas. Algunas de las exhibiciones de Pillsbury, como una que dio en el Metropolitan Chess Club de Nueva York, eran todavía más espectaculares porque, de pronto, interrumpía el juego para que le dictasen una lista de 30 palabras complicadas (incluyendo nombres de medicinas, como antiphlogistine, periosteum, takadiastase y bangmanvate) y numeradas al azar. Y luego las recitaba de arriba abajo, o viceversa, sin equivocarse ni en los números ni en las palabras. Tras dejar atónitos a los presentes, Pillsbury terminó la exhibición en el Metropolitan con ocho ganadas, dos tablas y dos perdidas.

En realidad, lo que hicieron Shírov y Palacios ayer fue muy fácil, para ellos. El subcampeón del mundo empezó la partida mirando al público, hasta que se percató de que uno de los espectadores tenía un tablero portátil en sus rodillas para reproducir las jugadas. Entonces se giró hacia su rival, y no cambió de postura hasta el final. "En el torneo a la ciega de Mónaco [que se disputa cada año], vemos un tablero vacío en la pantalla del ordenador que nos ponen enfrente. Pero yo no utilizo esa ayuda, no me hace falta", explicó.

El campeón de España de invidentes tampoco suele tocar las piezas durante sus partidas (los ciegos pueden hacerlo): "No lo necesito porque imaginar la posición no es nada difícil para mí. La dificultad está en urdir planes muy complicados, como ha hecho hoy Shírov con brillantez", aclaró. Ciertamente, como dice Cabarkapa, ellos ven con la mente.

LA PARTIDA DEL DÍA

COMENTARIOS TÉCNICOS: LEONTXO GARCÍA

Blancas: Shírov. Negras: Palacios.

La partida merece ser analizada para admirar la capacidad de ambos, y especialmente la creatividad de Shírov. Incluye combinaciones realmente difíciles, incluso con el tablero a la vista.

1 d4 f5 2 g3 Cf6 3 Ag2 g6 4 Cf3 Ag7 5 0-0 0-0 6 b3 d6 7 Ab2 c6 8 Cbd2 Rh8 (Justo un día antes, Palacios llegó a esta posición en el torneo de Linares para ciegos, pero con las piezas blancas, frente a Draghici, quien prefirió Cbd7) 9 c4 Ca6 10 Dc2 Ad7 11 Tae1 Tb8 12 Ac3 Cc7 13 e4 fxe4 14 Cxe4 Af5 15 Ch4 Axe4 16 Axe4 Cxe4 17 Txe4 Dd7 18 Tfe1 Tbe8 19 d5 cxd5 (En vista de lo ocurre a continuación, parece más aconsejable 19 ..e5 20 dxe6 Txe6, aunque la posición seguiría siendo muy cómoda para las blancas) 20 Cxg6+ hxg6 21 Th4+ Rg8 22 Dxg6 e5 23 Dh7+ Rf7 24 Tf4+ Re7 (Parece mejor 24 ..Re6, tal como sugirió Palacios tras la partida. En todo caso, jugar esta posición con las piezas negras sin ver el tablero es francamente difícil, dado el fuerte ataque de las blancas) 25 Dxg7+ Rd8 26 Dxf8 Txf8 27 Txf8+ Re7 (No vale 27 ..Ce8 28 Axe5 Rc7 29 Txe8, ganando) 28 Th8 Rf6 29 Th6+ Rg7 30 Txd6, y Palacios se rindió.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de marzo de 2001