Siempre se recibe con interés y afección la visita de la Orquesta Ciudad de Granada, que dirige, desde 1994, Josep Pons y más aún si nos trae como solista a un pianista-músico tan excelente como Josep Colom (Barcelona, 1947). Colom es formidable y bien merecería figurar entre los 'poetas del sonido' cantados fervorosamente por Ricardo Viñes, que ocultó el concepto poético tras la adjetivación de aristócratas. El toque, el pensamiento sonoro, la elegancia de fraseo, la lírica severidad de la expresión y, por supuesto, el dominio técnico en el más completo sentido del término, hacen de Colom uno de nuestros mejores intérpretes y volvió a demostrarlo en el Concierto de Ravel que dijo mirar hacia Mozart y Saint-Säens, lo que no obsta la presión del negroamericanismo de Gershwin, cuya Rapsodia y Concierto son de 1924 y 1925. Cuanta profunda y serena hermosura emana del movimiento central, melódica maravillosa trazada desde la inteligencia y el saber, encontró en Colom vehículo exacto y en Pons y los instrumentistas granadinos la sustancia y la envoltura que hicieron del vasco-francés un maestro de la magia y el prodigio.
Ciclo Ibermúsica
Orquesta Ciudad de Granada. Director: J. Pons. Obras de Satie-Debussy, Ravel y Stravinski. Auditorio Nacional. Madrid, 1 de marzo.
Se trata de otro mundo, por supuesto, pero Stravinski extrajo en la nueva versión de la 'comedia del arte' su espíritu y su gracia, su blando rigor y su melancolía vertida al lenguaje acerado y poético del genio de Petruchka y La consagración. Tres cantantes, perfectamente impostados en el hecho estético global que sumó melodía, disonancia, inventiva tímbrica, distancia poética y presencia plástica y coreográfica en la pieza maestra, se comportaron cual consumados maestros: la soprano sueca Charlotte Hellekant, el tenor aragonés Francisco Vas y el polifacético barítono William Shimell. Josep Pons, que se mueve en este mundo stravinskiano con el que casi comenzó su carrera como el pez en el agua, decidió la singular fortuna de una consecución redonda en su pensamiento y en sus mil detalles.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de marzo de 2001