Ronald P. M., ciudadano boliviano de unos 35 años, manejaba los hilos de un clan familiar -compuesto además por su esposa, su suegra, sus tres hermanos y dos cuñadas- dedicado a introducir ilegalmente en España a inmigrantes. Ronald tenía su oficina en una falsa agencia de viajes, según informó la Jefatura Superior de Policía. Lograba convencer a sus compatriotas para que emigraran a España con falsas expectativas laborales: les aseguraba que, si aceptaban el viaje, les conseguiría un puesto de trabajo estable que, a su vez, les permitiría conseguir la residencia en España. Pero, una vez en España, la banda no proporcionaba ni trabajo ni casa.
Las víctimas eran humildes campesinos de escasa o nula educación, fáciles de engañar con mentiras, según fuentes policiales. El jefe del clan les cobraba unos 1.500 dólares (275.000 pesetas) por cabeza. El boliviano que quería emigrar a España debía ingresar el dinero en una cuenta del Banco Ganadero de Cochabamba cuyo titular era Ronald.
Una vez ingresado el dinero comenzaban los trámites del viaje. El clan proporcionaba al inmigrante lo necesario para cruzar la aduana, como turista, en el aeropuerto de Barajas. La bolsa de viaje incluía el billete de avión de ida y vuelta, así como una cantidad de dinero -1.300 dólares- necesaria para garantizar a los agentes de aduanas que el extranjero puede sufragar su alojamiento y su alimentación durante los tres meses de estancia máxima que puede pasar, como turista, en España.
Sin visado
Los bolivianos, como los ecuatorianos -la comunidad inmigrante más numerosa de Madrid, con 45.000 empadronados-, no necesitan visado de entrada en España. Sólo se les exige a los peruanos, los cubanos y los dominicanos.
Ronald aleccionaba a sus clientes sobre qué respuestas dar a la policía cuando les interrogaran en la aduana de Barajas. Una vez en España, el inmigrante era recogido en el aeropuerto por dos miembros del clan, que le arrebataban de inmediato el dinero prestado para justificar su entrada.
María Esther L. D., de 48 años, la suegra de Ronald, recogía al recién llegado y lo trasladaba al hostal Ducal, en la calle de Hortaleza -el precio de una noche es de 4.500 pesetas más IVA-, o bien a un piso de los tres que tenía la banda en Madrid, situados en las calles del General Fanjul (distrito de Latina), Rafael Finat (también Latina) y Monederos (Usera).
El clan daba un plazo máximo de 30 días para pagar unos 130 dólares más (unas 25.000 pesetas) a la banda por el viaje. Si no pagaban, les aplicaban un interés del 50%.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de marzo de 2001