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Reportaje:

De camino a los pies de Jesús

Decenas de miles de personas soportan el frío y la lluvia durante horas para besar los pies de Jesús de Medinaceli

'Para besar los pies de Jesús nos destrozamos los nuestros. Pero que conste que lo hacemos muy a gusto'. Con este buen ánimo y una devoción a prueba del frío y la lluvia, la madrileña Encarna García y decenas de miles de personas llegadas de toda España hicieron cola durante horas ayer, primer viernes de marzo, para poder besar los pies de la imagen de Jesús de Medinaceli, sita en la calle de Jesús, en la iglesia que lleva su nombre, siguiendo una tradición con más de 300 años de antigüedad.

El ambiente entre la multitud que esperaba acceder al templo era de devota entrega. 'Hay que pedirle a Jesús tres deseos. Al menos uno se cumple seguro', opinaba una esperanzada peregrina de Toledo. 'Mi hija encontró trabajo dos semanas después de que yo lo pidiera el año pasado', afirmaba otra. La cabecilla del grupo, sin embargo, concluía: 'Venimos sobre todo porque tenemos fe. Los deseos no se cuentan, así que da igual que se cumplan o no porque sólo cada uno sabe lo que ha pedido. Lo importante es la devoción que debemos a Jesús'.

Los fieles creen que, si piden tres deseos a la imagen, ésta les concederá al menos uno

Los más devotos, tras más de tres días de frío y lluvia -algunos llegaron a las puertas de la iglesia el pasado lunes-, accedieron al templo a partir de las 11.30 de la noche del jueves. 'No creo que nadie haya aguantado todo ese tiempo. La gente se ha ido turnando para ser los primeros', aclaraba una miembro de la Real e Ilustre Archicofradía de la imagen, que atendía el fluir de los fieles en la puerta. La iglesia permaneció abierta durante toda la madrugada de ayer con la celebración de misas cada media hora. Los oficios se prolongaron durante todo el día, hasta las nueve de la noche. Sólo se paró entre las dos y las cinco de la tarde. Y el templo siguió abierto durante la noche de ayer hasta primeras horas de la mañana de hoy. 'No cerraremos las puertas hasta que todo el mundo haya podido besar a Jesús', señaló Domingo Fernández Villa, párroco del templo y autor de un libro sobre la historia de la imagen.

La afluencia de personas no alcanzará este año las cifras del anterior, en el que visitaron el templo cerca de 250.000 personas, 50.000 de las cuales besaron los pies de la imagen. 'Hemos llegado a las siete de la mañana', comentaba en la puerta de entrada, poco después de las once, Soledad Marco, una mujer de Ávila que viene cada año a cumplir el ritual. 'Otros años tardábamos casi 10 horas en llegar a la puerta. Hoy hay menos gente por culpa del mal tiempo', explicaba.

Los asistentes se organizaban en dos largas colas para acceder al templo. La primera, en la plaza de Jesús, estaba formada por los fieles de la iglesia y pasaba por la calle de Huertas hasta acercarse a la glorieta de Atocha. La segunda, la cola de los peregrinos, estaba formada por cerca de 250 comitivas llegadas en autobuses desde toda España. Ésta bajaba por la calle de Cervantes hasta llegar a la plaza de Neptuno.

La Tienda Difusora Bíblica, estratégicamente situada junto a la puerta de acceso de los peregrinos, vendía a muy buen ritmo todo tipo de objetos religiosos. Pequeñas imágenes de Jesús de Medinaceli y estampas, postales, medallones y libros dedicados a él fueron los objetos más comprados.

La fecha de la celebración cae siempre en viernes por ser 'el día de la resurrección de Cristo', según Fernández Villa. La elección del primer viernes de marzo, sin embargo, es mucho más reciente. 'Tradicionalmente, la fecha era el primer viernes de cuaresma', explicó el párroco, 'pero como cada año cambia de fecha, a principios de siglo se estableció que fuera siempre el primer viernes de marzo, y así se ha mantenido'.

Entre los visitantes ilustres, el más madrugador fue el alcalde de Madrid, José María Álvarez del Manzano, que llegó a la iglesia a las 9.30. Por la tarde, la reina Sofía, que visitó el templo a las 18.15, cumpliendo la tradición vigente desde hace más de 300 años por la cual un miembro de la familia real visita la imagen el día de la celebración. El cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, acudió posteriormente para oficiar la misa de las ocho de la tarde.

Cuarenta agentes de la Policía Municipal regularon el tráfico en las calles colindantes a la iglesia, cuyo acceso fue restringido a los vehículos cuando la asistencia de personas era masiva. Medio centenar de visitantes fueron atendidos, por desmayos y afecciones leves, por la unidad móvil del Samur desplazada al lugar.

Los viajes de una talla venerada

Los 173 centímetros de la imagen de Jesús de Medinaceli han sufrido en carne propia los conflictos de la España de los tres últimos siglos. Tallada a principios del siglo XVII en Sevilla, la figura fue trasladada a la Plaza Fuerte de Mámora, en el actual Marruecos. El 30 de abril de 1861, Muley Ismael, emperador de Fez, conquistó la plaza y cogió como botín las imágenes sagradas de los españoles. Según testimonios de la época, la imagen fue arrastrada por las calles de la ciudad de Mequinez y arrojada al foso de los leones como signo de la victoria sobre los cristianos. Cuenta la leyenda que Muley accedió a cobrar el peso de la imagen en plata como rescate. Dispuesta en un gran plato, la balanza se equilibró cuando fueron lanzadas sobre el otro plato sólo unas monedas. En su regreso, la imagen fue aclamada en Ceuta y Sevilla antes de llegar a Madrid el 21 de agosto de 1682, donde fue recibida por el rey Carlos II. La imagen fue instalada en una capilla que ocupaba la ubicación actual de la iglesia de Jesús de Medinaceli. La talla tomó el nombre del duque de Medinaceli, propietario de los terrenos. La Guerra Civil provocó el segundo gran viaje de la talla. Como parte del patrimonio nacional que el Gobierno republicano quiso mantener bajo control, el destino de la talla corrió a la velocidad del frente. Tras pasar por Valencia y Barcelona llegó a Ginebra (Suiza), de donde fue recuperada por el régimen franquista. Entró en Madrid entre grandes fastos el 14 de mayo de 1939, en el llamado segundo rescate.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de marzo de 2001

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