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CARTAS AL DIRECTOR

Réplica

Gernika-Lumo, Vizcaya

No pongo en duda las dotes literarias del candidato al Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa ni su derecho a loar a F. Savater en su artículo La lucidez y el coraje (EL PAÍS, 18 de febrero de 2001), sumándose así a la nómina de Tusell, Muñoz Molina et alii. Pero lo que no le niego como escritor tengo derecho a discutírselo, como a cualquiera, sobre las opiniones y juicios que emite en asuntos relacionados con el pensamiento y la realidad política. No es la primera vez que en su artículo semanal Piedra de toque ataca a determinados nacionalismos sin, a mi juicio, demasiados argumentos, nada convincentes por otra parte. Alguien que se tiene por intelectual, demócrata y ha sido serio aspirante a la presidencia de su país no puede permitirse afirmaciones como: 'Muchos creemos que en todo nacionalismo, aun en el de semblante más benigno y civilizado, anidan, a largo plazo, los gérmenes de la exclusión social y la discriminación; es decir, de la violencia. Y que por eso el nacionalismo debe ser combatido como un peligro para la cultura democrática'. Y más adelante: 'Pedir 'diálogo' no es signo de progresismo o de moderación, sino demagogia que sirve para disimular la indefinición cobarde, o la complicidad con los violentos'.

No sé si estas aseveraciones puede hacerlas alguien con altura científica desde la buena fe, la reflexión y el conocimiento, o se trata de jalear una situación que los Estados (cuanto más poderosos, con más fuerza) tratan de imponer a las naciones sin Estado. Como dice un amigo mío: 'Convéncete de que la diferencia entre lo nacionalista y lo nacional es cuestión de número'.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de marzo de 2001