La gran actividad delictiva de este grupo de kosovares tenía en vilo a la Ertzaintza y al Cuerpo Nacional de Policía desde hacía meses. Finalmente, una operación iniciada en Madrid en noviembre pasado por efectivos del segundo y desarrollada en diversas ciudades españolas ha concluido con la detención de los cuatro delincuentes en Santurtzi, según informó ayer la Subdelegación del Gobierno en Vizcaya. El grupo estaba alojado en un establecimientos hostelero de esa localidad de la Margen Izquierda.
Los detenidos son Farush S., de 35 años y presunto jefe del grupo; Rahim B., de 26 años; Azem R., de 31 y Marcin P., de 30. Poseían documentación italiana, aunque son originarios de la antigua Yugoslavia. Para despistar a la policía se trasladaban continuamente de ciudad.
Todos cuentan con antecedentes penales por robo con fuerza, asociación ilícita y atentado a agente de la autoridad. La policía les considera muy peligrosos y destaca su perfecta organización. La policía les imputa robos en Toledo por valor de 600.000 pesetas y otro con un botín de once millones en Bilbao el pasado 26 de febrero, entre otros que se están investigando.
Ostentación de dinero
Aunque los cuatro miembros de la banda carecían de trabajo, hacían ostentación de grandes cantidades de dinero en prostíbulos, bares y empresas de alquiler de vehículos que solían visitar.
El modo de operar de la banda era siempre igual. Actuaba de noche y repetía sus movimientos de forma precisa. El grupo tenía conocimientos especiales sobre el funcionamiento de los sistemas de seguridad y de las líneas telefónicas de los polígonos en que robaban.
Una vez elegida la nave industrial, lo primero que hacía la banda era anular los sistemas de alarma, para lo que cortaba el suministro eléctrico y las líneas de teléfono. Para acceder al interior de las empresas, el grupo utilizaba varios sistemas: el escalo, consistente en saltar las vallas e introducirse por las ventanas; el rififí, en el que los delincuentes se descuelgan por claraboyas o falsos techos mediante cuerdas, y el butrón, en el que los ladrones rompen la pared para entrar.
Una vez en el interior, la banda registraba el mobiliario en busca de dinero efectivo y de aparatos informáticos de gran valor, así como otros objetos que pudieran trasladar sin demasiada dificultad hasta los coches que les esperaban a las puertas de los polígonos.
También buscaban su botín en las cajas fuertes y para abrirlas se servían de picos, mazas y herramientas eléctricas. La banda huía siempre en potentes vehículos de alquiler.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de marzo de 2001