En una ciudad blindada, donde montan guardia desde el jueves más de 3.000 agentes de policía, los ministros de Medio Ambiente de los países más importantes en términos políticos y económicos (pero también los que más contaminan) del planeta, se sentaron en torno a una mesa con una obsesión común: superar la fallida cumbre de La Haya e intentar un preacuerdo que impide el fracaso de la próxima, prevista para junio en Bonn. Que así sea depende, sobre todo, de la posición que defienda Christine Whitman, ex gobernadora de New Jersey, encargada por la Administración Bush del Departamento de Medio Ambiente. Los ojos y los oídos de todos los asistentes a la minicumbre, en la que participa también la comisaria europea Margot Wallstrom, están pendientes de la Whitman porque los EEUU por sí solos son responsables del 25% del mortífero anhídrido carbónico que se vierte en la atmósfera.
La ministra norteamericana se mostró conciliadora ayer en los primeros encuentros con el ministro italiano de Medio Ambiente, Willer Bordon, y en la reunión previa a la cumbre que celebraron los representantes de los Gobiernos con las Organizaciones No Gubernamentales (ONG). Whitman subrayó que la Administración Bush está decidida a desarrollar los acuerdos suscritos por el Gobierno de Bill Clinton. Pero pasar de las palabras a los hechos será el verdadero test.
"La señora Whitman es plenamente consciente de los problemas mediambientales y del calentamiento climático que se está produciendo en el Planeta", dijo ayer Bordon, quien subrayó que la Whitman tomó ya medidas para recortar las emisiones de anhídrido carbónico en el Estado de New Jersey, en su calidad de Gobernadora.
Sin embargo, Corrado Clini, número dos del ministro italiano de Medio Ambiente Bordon, reconocía las dificultades reales a las que se enfrenta el encuentro de Trieste. "Las posiciones de europeos y norteamericanos son históricamente muy diferentes, y a eso hay que añadir el hecho de que varios ministros de la Administración Bush han dicho ya que querrían revisar de nuevo el protocolo de Kioto, porque lo consideran restrictivo. El esfuerzo para remediar el fracaso de la cumbre de La Haya tendrá que ser muy grande".
La posición de Canadá no es mucho más positiva que la del Gobierno de Washington, como ayer pudieron constatar los líderes de los principales grupos ecologistas italianos que mantuvieron un encuentro con los ministros del G-8. Ermete Realacci, líder de Legambiente, uno de los grupos ecologistas históricos de Italia, mostró su sorpresa cuando escuchó al representante canadiense referirse al fracaso de la cumbre de Kioto. "Si se ponen también en discusión los acuerdos de Kioto no sé como se va a superar el fracaso de La Haya", explicó.
Los representantes de las ONG hicieron ayer un nuevo llamamiento a los ministros del G-8 para que "se tomen decisiones claras y valientes" en las cuestiones medioambientales, empezando por las que tienen un impacto decisivo en el cambio del clima. Los ecologistas reclamaron también que se ratifique cuanto antes el protocolo de Kioto y que los países desarrollados sean capaces de apostar de una vez por todas por un verdadero "desarrollo sostenible".
En un intento de frenar las manifestaciones de protesta previstas para hoy en Trieste por los grupos más radicales que se oponen al G-8, el ministro italiano Willer Bordon ha tendido una mano a los opositores, asegurándoles que el Grupo defiende los mismos intereses.
El Ayuntamiento de Trieste les ha cedido un local para que puedan celebrar una especie de foro alternativo y ha cerrado completamente al tráfico las calles del centro de la ciudad, por si la disuasión verbal no fuera suficiente.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de marzo de 2001