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COLUMNA

Basura

La eliminación del programa Tómbola tan pronto la nueva dirección se ha hecho cargo de Telemadrid, mueve a considerar el fuerte rechazo que hoy provoca la palabra 'basura'. Cada tiempo ha convivido con una o varias palabras-demonio cuya mención despierta reacciones particularmente negativas. Términos como 'atómica', 'nazismo', 'monopolio', 'cáncer', se levantan como fantasmas que estimulan aversiones, temores y auspicios funestos. La conciencia política y la conciencia social se conmueven ante sus contenidos y casi siempre se segrega una sustancia de composición moral. Es el caso actual de las basuras que de ser una materia inocente, doméstica, inofensiva y familiar, ha adquirido una simbología infausta.

Actualmente ocurre que muchas cosas de las abominables tienden a llamarse 'basura' (trabajo basura, comida basura, tiempo basura, televisión basura) y, en conjunto, la basura parece incrementarse, acumularse y rodearnos de modo que entre los deberes que nos ocupan uno nuevo consiste en aprestarse a disgregar los residuos (el vidrio, los papeles, los productos orgánicos, las pilas, las latas) para que otros profesionales, en el escalón posterior, puedan proseguir el exterminio. En conjunto, la basura ha logrado un estatuto infame y de máxima denigración moral. Posee el comportamiento y la naturaleza de una epidemia o de una plaga antigua; nace y se propaga de tal manera que de no atajarla nos puede llegar a matar. Pero es también la basura el símbolo de un mal que debe apartarse de la vista como una metáfora del pecado en la sociedad de la corrupción y el despilfarro. Sabido todo esto, el director de Telemadrid ha actuado fulminantemente contra ella. A la basura no se la puede ignorar. Puede discutirse si un programa de alta audiencia posee o no la suficiente legitimación democrática para permanecer, pero es indiscutible que un elemento identificado como 'pura basura' no puede seguir ahí, sin ser barrido, incinerado, reciclado. A Tómbola, cuyos caracteres comparten otros programas de las televisiones públicas, le ha perjudicado precisamente esta máxima concentración del nombre indigno. Ser escogida como basura pura fue su fin, y la limpia coartada, también, de la conciencia.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de marzo de 2001