'Durante los mil años que nos ocupa esta exposición, el caballo ha tenido una presencia decisiva en la vida y en el arte españoles', indicó Enciso en la presentación de la muestra. 'El caballo es, ante todo, una expresión de la relación con el hombre; es también una expresión de la naturaleza, y, por último, es una expresión de la relación con el arte', agregó el presidente de la Sociedad Estatal España Nuevo Milenio, entidad adscrita al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. La Junta de Andalucía, el Ayuntamiento de Sevilla y el Patronato del Real Alcázar colaboran en la exposición.
Mil años del caballo en el arte hispánico, que reúne 124 piezas, se divide en tres apartados. El primero de ellos -El triunfo de la caballería- centra su interés en el arte comprendido entre los años 1000 y 1500 a través de tres epígrafes (Caballos y caballeros, Santos jinetes y La sociedad caballeresca). La imbricación entre los ideales del caballero y del santo se centra en san Jorge, san Martín de Tours, Santiago y san Pablo a través de distintas obras.
El dominio del caballo es el segundo apartado, que abarca el periodo comprendido entre los años 1500 y 1800. Cuatro epígrafes (La corte y el cortesano, El saber ecuestre, Los fastos caballerescos y El arte de la guerra) facilitan el recorrido del espectador. El nacimiento del Estado moderno trae consigo una nueva dimensión para el caballo. El comisario de la exposición, Manuel Delgado, recordó el valor metafórico de muchos de los retratos ecuestres de este periodo. Delgado ve en ellos 'la esperanza que ese jinete que domina el caballo tiene ante el gobierno del pueblo'.
El reto con la máquina
El tercer apartado -El caballo y la máquina- se adentra en los dos últimos siglos. Delgado no pudo ocultar cierta melancolía ante el destino del caballo en esta tercera parte. 'El caballo tiene un reto con la máquina y resulta vencido. La máquina lo supera en sus dos aspectos más importantes: la velocidad y la fuerza', comentó el comisario de la exposición. Los epígrafes que ordenan este tercer apartado son La realidad y el desafío, La última caballería y Trabajo, deporte, competición y ocio.
El arte reunido en torno al caballo cuadra con un país que hizo de este animal una clave fundamental en la guerra y en la paz. El retrato del general Palafox, de Francisco de Goya, es un buen ejemplo del destino bélico de un animal que desconcertó a los indígenas cuando los españoles conquistaron América. La abundante iconografía taurina de la exposición rinde tributo al caballo considerado como una pieza esencial del ocio de un pueblo.
Algunas obras que deslumbran al espectador en su recorrido por el Palacio Gótico del Real Alcázar son La lección de equitación del príncipe don Baltasar Carlos, de Diego Velázquez; el estudio de cabeza para el Guernica, de Pablo Picasso; El patio de caballos, de Ignacio Zuloaga; Jinete salmantino, de Joaquín Sorolla; Potros en el campo, de Francisco Iturrino; Retrato ecuestre de Alfonso XIII, de Ramón Casas, y La novia de Benimamet, de Hermenegildo Anglada-Camarasa.
La selección es sobresaliente. Junto a los artistas citados figuran también obras de Carreño de Miranda, Juan de la Corte, Lucas Jordán, Mariano Benlliure y Benjamín Palencia. Salvador Dalí recrea un asunto que ya abordó Velázquez en su Retrato del príncipe don Baltasar Carlos.
Varios dibujos de Francisco de Goya -entre ellos uno del emperador Carlos V lanceando un toro en Valladolid- aportan nuevas visiones a la muestra. Tampoco faltan dibujos de un Picasso jovencísimo que demuestra su pericia en el trazo de los caballos.
La exposición no se ciñe a la pintura de forma exclusiva. La escultura de Pablo Gargallo, con bronces como Caballito de circo, da fe de ello. La escultura de Felipe IV a caballo, atribuida con algunas dudas a Pietro Tacca, es una buena muestra de la frágil pujanza de un imperio que empezaba a desvanecerse ante el regodeo por el lujo y el desprecio hacia cualquier forma de trabajo oscuro. Una figura ecuestre en bronce de Carlos II el Hechizado, de Giovanni Battista Foggini, inventa una bizarría inexistente en el monarca.
Libros y dibujos
Los libros ocupan también un lugar de importancia en Mil años del caballo en el arte hispánico. Enciso hizo hincapié en obras como las de Bernardo de Vargas Machuca, autor de Teórica y ejercicios de la gineta, y en los grabados del pintor flamenco Jan Straet (conocido como Joannes Stradanus). Los dibujos de la caballeriza de don Juan de Austria realizados por Stradanus tienen una intensidad difícil de superar.
Cerámicas, objetos decorativos, monturas, gualdrapas y adornos completan la exposición. Un braserillo árabe de bronce del siglo X, los adornos metálicos medievales del arnés de un caballo y la armadura con caballo y jinete del duque de Alcalá, que data del siglo XVI, representan aspectos interesantes en este capítulo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 4 de abril de 2001