Quiero felicitar al presidente Eduardo Zaplana y al consejero de Bienestar Social, Rafael Blasco, por la aprobación de la Ley de Uniones de Hecho. Esta ley, que ha sido duramente criticada por algunos sectores de la Iglesia católica, contribuye a aumentar el grado de cohesión social al reconocer las parejas de hecho, una realidad ampliamente extendida. Hecho de menos una intervención tan beligerante de la jerarquía católica en defensa de derechos humanos como la vida o la libertad de expresión. Las preferencias de los ciudadanos se definen a través de procesos electorales, lo demás son opiniones respetables que no pueden ser impuestas a la mayoría.-
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 4 de abril de 2001