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Reportaje:

Conferencias en movimiento

El IVAM ofrece visitas guiadas y explicadas por profesores y artistas durante los fines de semana

Es una buena oportunidad para observar las exposiciones del Instituto Valenciano de Arte Moderno (IVAM), con mayor conocimiento de causa. El conocimiento lo pone Pepe Romero, profesor de Bellas Artes en la Universidad Politécnica de Valencia y escultor. La causa, en esta ocasión, la obra expuesta por el primer Premio Julio González, Georg Baselitz, (Alemania, 1938).

Todos los sábados, a las 12 de la mañana, Romero comienza lo que él define como 'conferencias activas'. 'Las llamo así porque aquí tenemos la oportunidad de ver la obra del artista en vivo mientras paseamos por las salas y esto nos facilita conocer, tanto la evolución del pintor en cuestión, como la relación con su tiempo y con sus colegas contemporáneos', justifica.

Para escuchar los conocimientos de Romero, entusiasmado con este nuevo concepto del guía tradicional, hay que llamar antes al museo: 'Intentamos que venga un número de personas más o menos equilibrado con el espacio', previene. La acústica de las salas del IVAM es buena, pero si está muy lleno se pierde la concentración y obstaculiza el movimiento alrededor de las obras. 'Lo ideal son unas 35 personas', acota.

Eso no impide que algunos admiradores o curiosos espontáneos que quieren ver a Baselitz se sumen a la visita. En el vestíbulo empiezan a formarse los primeros grupos. Se juntan jóvenes con papel y lápiz a mano, intelectuales maduritos, hippies recicladas, profesores poniéndose al día y abuelitas que, en otras circunstancias hubieran hecho pensar que su única inquietud eran las meriendas de la chocolatería Santa Catalina.

Comienza la exposición. El recorrido por las salas se aprecia diferente bajo las explicaciones del profesor. El guía nos sitúa en el tiempo histórico del artista, en el significado más claro y profundo de algunas de las obras. Por ejemplo: 'parte de su trabajo responde a un compromiso con su tiempo, con expresiones de fuerza vacías, como una representación de los campos de la muerte', explica. 'Por eso', sigue argumentando, 'los retratos, las esculturas de madera pintada manifiestan rostros de mujeres que ya no esperan nada después de haber vivido la Segunda Guerra Mundial. Nos muestra el dramatismo, la fuerza del alma humana frente a la adversidad, la poética entre el arte y la muerte', interpreta.

Romero es un buen comunicador y sabe enganchar a los atentos oyentes que siguen sus pasos y observan los trabajos de Baselitz con otra mirada, pasando de la primera impresión a la observación más profunda, tratando de escudriñar hasta el fondo las deformadas tallas.

Al llegar a la última sala ya conocemos el posmodernismo del artista alemán. 'Creo que Baselitz', concluye Romero, 'consigue fundir dos conceptos en principio antagónicos: la fuerza vital con la reflexión, el clasicismo con la modernidad'.

Pero si se prefiere algo menos sesudo para contemplar una exposición, todos los domingos a las 12 y a las 13 horas y sin cita previa, la pintora Francisca Mompó hace de cicerone para todos aquellos que quieran saber algo más sobre la mayoría de los maestros y las obras expuestas.

Una hora más tarde, la conferencia ha terminado. Ni un bostezo, ni síntomas de aburrimiento. Al contrario, cuando Romero da las gracias, el acto se cierra con unos aplausos espontáneos, en este caso, más bien dirigidos al profesor que al artista, aunque éste también se los merezca.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 4 de abril de 2001