Mike Dunleavy, entrenador del Portland, fue el jugador más certero de la NBA desde la línea de los tres puntos en la temporada 1982-1983 en el San Antonio. A la siguiente fue fichado por el Mil-waukee, en el que mantuvo su fama de buen tirador. Su hijo Mike tenía tres años y miraba desde la grada a su padre.
Casi dos decenios después, también desde la línea de los tres puntos, el base Michael Dunleavy Jr., de 20 años y 2,07 metros, bajo el atento seguimiento de su progenitor, fue el protagonista de la victoria de Duke (82-72) sobre Arizona en la final del baloncesto universitario estadounidense, disputada en el Metrodome de Minneapolis. El jugador de los Blue Devils anotó 21 puntos, 18 de ellos en el segundo tiempo. Tres triples consecutivos suyos en 45 segundos rompieron el encuentro a favor de Duke.
En su segunda temporada en la universidad, Dunleavy no tuvo una buena actuación en las semifinales ante Maryland: cuatro puntos. Pero, en la víspera de la final, su compañero de habitación, Casey Sanders, ejerciendo de psicólogo, le convenció de que sería capaz de hacer una buen partido.
Arizona resistió cuanto pudo. Loren Woods, su pívot, de 2,15 metros, dominó los tableros. No en vano Duke no disponía de alguien de su envergadura. Su entrenador, Mike Krzyzewsky, colocó ante él a Shane Battier, elegido dos veces el mejor defensa de la NCAA. De la mano izquierda del hombre alto de Arizona salieron, sin embargo, las primeras ventajas de su equipo. Battier, de 2,02 metros, no podía hacerle frente. El medio gancho de Woods, que acude a la sala de pesas desde hace tan sólo un año, hacía daño.
Pero en la segunda parte llegó el festival Dunleavy. Así, Duke tomó 11 puntos de ventaja, si bien el primer tirón lo aguantó Arizona gracias a Richard Jefferson. En varias ocasiones las diferencias se recortaron hasta tres puntos, pero en cada una Battier y Jason Williams justificaron su cartel de estrellas. El primero, casi de puntillas, finalizó con 18 puntos y 11 rebotes. Y Williams, aun desacertado en el tiro, logró un triple que acabó con las esperanzas de su rival.
El duelo de banquillos entre Krzyzewsky y Olson, que quería dedicar el triunfo a su esposa, recientemente fallecida, fue para el primero, que consiguió su tercer título de campeón. Ambos aspiran al Hall of Fame.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 4 de abril de 2001