Todo el mundo hace cábalas sobre la irresistible ascensión de Saint Germain, el proyecto musical liderado por el francés Ludovic Navarre que con Tourist ha conseguido despachar más de un millón de copias en Europa y congregar, gracias al boca a boca, a casi 5.000 personas en su doble visita a Madrid.
Saint Germain ofrece una serie de interrogantes cuyas posibles respuestas es mejor sostenerlas desde lo positivo. Es decir, convenir que aunque copie mucho, está abriendo nuevos caminos. Para empezar, puede ser una manera de introducir a nuevos públicos en los senderos del buen jazz. Aun así, no parece que sea un afán voluntarista lo que mueve a Ludovic Navarre. El fin es el entretenimiento, aunque se rodee todo de una especie de glamour que convierta su propuesta en lo más original, lujoso y elegante del momento.
Sobre la tarima, un no más que resultón grupo de acompañamiento -vientos, percusiones, guitarra, teclados- intentaba poner sudor y vísceras a toda la tecnología digital del jefe y conductor del proyecto. Nuevos caminos, o no tanto, los ritmos tocados en carne y hueso se mezclan con las bases digitales para provocar el baile desenfadado.
No hay que darle más vueltas, el éxito de Saint Germain radica en que se hace irresistible el baile, aunque no guste del todo o se le pillen todos los trucos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 4 de abril de 2001