El presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, ha nombrado con prerrogativas de ministro a la juez Anadyr de Mendoça Rodrigues, de 66 años, como responsable de la investigación de los presuntos casos de corrupción dentro del Gobierno y del mundo político. Mendoça Rodrigues estará al frente de la nueva Corregidoría General de la Unión, creada para esta investigación. El presidente responde así a la oposición, que pedía una Comisión Parlamentaria para estudiar presuntos casos de corrupción en los que aparecían involucrados hombres del Gobierno y habían salpicado al propio Cardoso.
La nueva Corregidora gozará de poderes especiales, como el de pedir informaciones directamente a Hacienda, sin pasar por el filtro del Gobierno. El presidente brasileño prometió que la investigación será rigurosa y que "se hará todo según la ley". "Muchos se quejan de que la democracia es lenta, pero sabemos que es el mejor sistema", añadió.
Cardoso atacó sin nombrarlo al que se ha convertido en su enemigo político, el ex presidente del Senado, y hasta ayer todopoderoso incluso dentro del Gobierno, Antonio Carlos Magalhães, quien ha levantado toda la polvareda sobre la presunta corrupción. "Tenemos democracia", dijo, "y luchamos por ella, aunque no todos. Muchos de los que hoy vociferan se beneficiaron con el régimen totalitario. Yo, no. Muchos de los que hoy gritan entonces se callaron. Nosotros no gritamos, pero tampoco nos callamos. Actuamos". Magalhães sólo comentó que sin sus denuncias no se hubiese creado la Corregiduría General del Estado.
La oposición, sobre todo del Partido de los Trabajadores (PT), se ha sentido burlada con el nombramiento de Anadyr de Mendoça, que consideran un paliativo para evitar una Comisión Parlamentaria de investigación. "Se le ha derrumbado la puerta y ahora quiere poner candados", afirmaron con ironí fuentes del PT tras el discurso del presidente.
Cardoso, temiendo que la Comisión Parlamentaria pudiera ser un instrumento en manos de la oposición, en la ya comenzada campaña para la elección de su sucesor, se había anticipado a las posibles críticas afirmando en su discurso: "No deseamos encubrir nada, pero no podemos permitir que los casos de presuntas corrupciones vuelvan a las primeras páginas de los periódicos bajo la excusa de que no han sido investigados. Con ello, se crea un clima ficticio de mar de lodo. Tenemos que acabar con el uso político de la denuncia".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 4 de abril de 2001