Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
CARTAS AL DIRECTOR

Réquiem

Con estas líneas sólo espero despertar en ustedes, lectores como yo, un recuerdo nostálgico sobre algo que forma parte de ese nefasto e interminable listado de obras de arte, ya perdidas, que en su día fueron parte importante de nuestro patrimonio cultural mundial. Nosotros, curiosos del arte, que somos capaces de detener los pasos en nuestro camino diario, dejar que nos cautiven, y sentir ante las bellezas que nos circundan, hemos visto estas últimas semanas cómo una vez más el hombre se mostraba intolerante e ignorante, como en tantos tiempos pretéritos, ante el arte y la cultura que se encuentran inseparablemente unidos a su existencia. Los talibán nos han recordado tristemente la insensibilidad que muchas veces llega a sufrir el arte, y ahora, a la vez que indignados, no podemos más que sentirnos terriblemente vacíos ante una nueva pérdida.

En esta ocasión han sido los -ya irrecuperables- Budas de Bamiyán, junto con cientos de obras de arte, los que han venido a engrosar nuevamente esa aciaga lista, convirtiéndose en víctimas mudas de la barbarie en Afganistán. Una vez más ese patrimonio, que la historia nos ha legado cuidadosamente, se resiente en silencio, y a nosotros al parecer tan sólo nos queda elevar un sereno y melancólico réquiem por la muerte de aquello que la sinrazón nos ha arrebatado ya para siempre.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 4 de abril de 2001