No hay mejor defensa que un buen ataque. Es un axioma bélico, futbolístico, político. La presidenta del PP de Andalucía, Teófila Martínez, lo sabe mejor que nadie y lo utiliza con frecuencia. Fiel discípula de las mejores estrategias de los populares ha arremetido con inusual furia dialéctica contra el presidente de la Junta, Manuel Chaves. No deja títere con cabeza. A Chaves hay que mandarlo a la ITV y ni aún así serviría para andar unos kilómetros.
Esta manera de actuar en política nunca se sabe si obtendrá réditos electorales, pero al parecer es la estrategia que el PP tiene prevista. Chaves es el político a arrinconar y se le hará responsable de las siete plagas de Egipto. Si esto es así ahora, habrá que prepararse para lo que está por venir. Si ahora hay un 'gobierno de pasarela' y el presidente está de eternas vacaciones, pienso que pronto convertirán a Chaves en una de las cotizadas modelos de Victorio y Luchino y el palacio San Telmo en la paradisiaca playa de Punta Cana. Manuel Chaves ha ganado unas cuantas elecciones vestido de faralaes y con una copa de fino en la mano.
Lo malo es que este estilo de entender la política se convierta en algo usual y se hurten a los ciudadanos debates en los que haya propuestas, soluciones y futuro. Por ejemplo, qué pasará con los pescadores andaluces, a los que una ineficaz gestión del Gobierno de José María Aznar les reconvertirá en vendedores de chupa chups. Y digo que puede hacer escuela porque ya en este periódico Manuel Seco Gordilllo se despachó a gusto también con Chaves, Magdalena Álvarez y Paulino Plata. Los dejó de tal guisa que no había por donde cogerlos.
Tengo entendido que a Manuel Chaves, por su cumpleaños, le regalará Teófila Martínez un pico y una pala, un pañuelo amarillento para secarse el sudor y al estilo cuartelero pondrá en fila de uno a todos los consejeros para que rindan pleitesía al 'España va bien'.
Habrá que preparase para el próximo debate del estado de Andalucía. Si ahora han descargado estas tormentas de verborrea facilona, podemos estar a las puertas del diluvio universal. ¡Que nos coja confesados!
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 27 de abril de 2001