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Reportaje:

'A Berlusconi le envidian en la UE'

La nieta de Mussolini y candidata de Alianza Nacional hace campaña en Nápoles

Qué mejor tarjeta de visita para presentarse ante Alessandra Mussolini, nieta del Duce y doble candidata por Nápoles al Ayuntamiento y a la Cámara de Diputados por el partido ex fascista Alianza Nacional, que acabar de ser víctima del robo del telefonino (teléfono móvil). La Mussolini y todo su equipo acogen a la periodista con los brazos abiertos: 'Ya ve, ése es el regalo que le hace Basolino ', dice la candidata, nacida en Roma hace 39 años. Y aprovecha para meter cizaña contra su adversario político: 'Nápoles está abandonada después de ocho años de gobierno de la izquierda, llena de delincuentes que ni se inmutan porque, aunque les detengan, las penas no se cumplen'.

Flanqueada por su marido, Marco Floriani, ex oficial de la Guardia de Finanza, y por un estrecho equipo de colaboradores, la nieta del Duce recorre las calles del centro histórico convencida de que con ella al frente la ciudad sería distinta. En el área de Borgo San Antonio, en el centro fascinante y decrépito de la ciudad, inmersa en un caos de tráfico de proporciones descomunales, la presencia de la Mussolini provoca un pequeño revuelo en un mercadillo al aire libre. Una de las vendedoras, gruesa y muy flamenca, grita su nombre extasiada: '¡Alessandra, Alessandra! Danos tres números'. Alessandra no lo piensa dos veces: '41, 28, 23', dice. Y todos toman nota. Son números para la bonolotto. 'Es que ha dado ya suerte otra vez en el barrio de Secondigliano. Escogió unos números y la gente ganó millones', explica Luciano Schifone, abogado napolitano que forma parte del equipo que se presenta con la Mussolini al Ayuntamiento de Nápoles.

Otro grupo de damas maduras se acerca a conocerla. 'Que haya suerte, hija; oye, que eres mucho más guapa que en la televisión', le dicen. La Mussolini, vestida con chaqueta entallada, falda roja y considerables tacones, sonríe condescendiente, pero sin disimular el cansancio. Recorre Nápoles desde hace horas, sonriendo, saludando, prometiendo el oro y el moro a los pequeños comerciantes y a los viandantes que se paran a mirarla.

Maquillada a la italiana (grandes dosis de rímel, labios perfilados), su rostro es absolutamente reconocible, exacto al que los vecinos del barrio han visto en televisión. En cuanto a su apellido, asegura que no despierta hostilidad. 'Mussolini no está mal visto aquí', dice con sequedad. 'Me parece que Alessandra ha demostrado ya las cosas que puede hacer en política, al margen del apellido que lleva', interviene el marido. 'La prensa, en cambio, se empeña en meterse con ella por ese motivo'. Sea por temperamento o por solidaridad frente a los ataques de los periódicos, Mussolini parece más cercana al líder del centro-derecha, Silvio Berlusconi, que al de su propio partido, Gianfranco Fini, otro de sus aliados. 'Es que no veo que a Berlusconi se le juzgue por su programa, sino por ser quien es. Porque es un hombre que lo ha conseguido todo en la vida y en Europa le tienen envidia. Está sufriendo una campaña de la oligarquía de izquierdas europea, que prefiere un Gobierno débil en Italia, como el que hemos tenido; no de izquierdas, sino comunista'. ¿Y Bossi? Resulta cuando menos extraño verla a ella, que lleva en la sangre la 'italianidad', del brazo del líder ex secesionista padano. 'Umberto Bossi es buena gente. Dice lo que piensa, pero se puede confiar en él'.

'Eres guapísima', le repite una joven de uniforme. Mussolini, hija de Romano Mussolini y María Scicolone, hermana de Sofía Loren, sonríe segura de su físico. ¡Ah, si las elecciones fueran un concurso de belleza! Su rival, Rosa Russo Jervolino, es una dama entrada en los 60 que no podría competir. El 'duelo' indirecto -en realidad, la Jervolino, ex ministra del Interior, es candidata a la alcaldía, mientras la Mussolini se presenta como número dos de un tal Antonio Masturciello- entre ambas es el único que tiene a dos mujeres por protagonistas en esta campaña electoral. Mussolini entró en política en 1992, dejando atrás una incipiente carrera de actriz, y ha defendido con pasión algunas causas feministas. Suya fue la idea, hace años, de presentarse con pantalones vaqueros en el Parlamento para protestar por una sentencia judicial que absolvió a un violador porque su víctima llevaba esta prenda.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 5 de mayo de 2001