Los partidos de fútbol en Brasil dejarán de jugarse por la noche, como es habitual, y tendrán que disputarse a partir de ahora por la tarde, con la consiguiente pérdida de afluencia a los estadios. Ésta será una de las consecuencias más visibles del polémico racionamiento energético que comienza hoy en Brasil.
El racionamiento, impuesto por el Gobierno, obliga a los brasileños a reducir su consumo eléctrico un 20% y durará inicialmente hasta el 30 de noviembre, aunque fuentes oficiales ya han advertido de que puede extenderse hasta mayo del año próximo.
Según admitió el propio presidente, Fernando Henrique Cardoso, Brasil está 'en manos de San Pedro'. Pese a que el problema ya se detectó hace una década, el Gobierno sostiene que la escasez de lluvias en los últimos meses redujo a mínimos históricos los niveles de los embalses que abastecen a las plantas hidroeléctricas, que generan el 90% de los 72.000 megavatios/hora que produce el país.
Para garantizar la adhesión de la población al racionamiento, el Ejecutivo ha dictado unas polémicas medidas que implicarán cortes y multas de hasta el 200% sobre el consumo para quienes no consigan reducir su gasto energético en el 20% fijado.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 1 de junio de 2001