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Crítica:ROCK

Fanfarria trepidante

Igual que sus películas, un concierto de Emir Kusturica es un ejercicio de pasión. Todo es fuerza y sucede a un ritmo vertiginoso. A Kusturica le gusta ceder el protagonismo a sus músicos, así que sólo se sintió responsable de la fiesta muy al principio, antes incluso de que comenzara a tocar una sola nota. Con una camiseta del Parma Club de Fútbol con el 10 a la espalda, Kusturica vivió el concierto casi desde bambalinas, cediendo todo el peso al violinista y a su cantante: Nenad Jankovic. No para en las dos horas, un torbellino en escena, una suerte de Jagger balcánico que concibe un concierto como un asunto de vida o muerte.

Había fuego metafórico. Sonido de carromato zíngaro, una fiesta trepidante con mucho de circo. El violinista se exhibe agitando el violín y dejando el arco fijo en los lugares más inverosímiles (un zapato, la boca, la entrepierna), el acordeonista salta, el del saxo se arrodilla, el público (chicas sólo) sube y ayuda a sujetar el arco para que Sparavalo rice el rizo con su instrumento. No hay quien los pare.

Emir Kusturica & No Smoking Band

Emir Kusturica (guitarra), Nenad Jankovic (cantante), Stribor Kusturica (batería), Nenad Gajin (guitarra), Goran Markovski (bajo), Nenad Petrovic (Saxo), Dejan Sparavalo (violín), Zoran, Zoki, Miloshevic (acordeón), Goran Popovic (tuba) y Drazen Jankovic (teclados). Divino Aqualung. Madrid, 30 de mayo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 1 de junio de 2001