El secretario de Estado de Infraestructuras, Benigno Blanco, hizo ayer una encendida defensa de la reforma de la ley de puertos planteada la semana pasada en el Congreso, en respuesta a una iniciativa de los socialistas. Lo sorprendente no fue la actitud del dirigente del Ministerio de Fomento, sino la actitud del conseller en cap, Artur Mas, que no replicó nada a los argumentos de Blanco.
La pasada semana, en cambio, los dirigentes de CiU, con Xavier Trias y Pere Macias a la cabeza, habían arremetido contra la propuesta de los socialistas, calificándola de intento de limitar las competencias autonómicas. Ayer, Blanco aseguró que la reforma sólo afectará a las tarifas y, por tanto, a los aspectos económicos y financieros de los puertos, no a los institucionales.
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Fuentes socialistas aseguraban ayer que el rebote de CiU se debe al temor a que la liberalización de tarifas repercuta en una mayor transparencia en el sistema de concesiones en el interior del puerto, donde hoy los controles son escasos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 6 de junio de 2001