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Fernando Fernán-Gómez recibe el homenaje de sus compañeros del cine

La Academia entrega su medalla de oro al actor, escritor y director

Fernán-Gómez aclaró ayer que no son los homenajes lo que le molestan, sino las fiestas. 'Son estas fiestas que acompañan a todos los homenajes las que no me gustan nada. Los homenajes me gustan porque halagan mi vanidad pero las fiestas me disgustan porque ya no puedo disfrutarlas'. El actor recibió el homenaje en una cena celebrada en el hotel Ritz, de Madrid. Allí, casi 200 miembros de la Academia de Cine le expresaron su respeto. 'He podido caer mal alguna vez a mis compañeros por borde o por engreído, pero jamás he sentido que no me respetaran. Siempre he sentido su respeto'. Para Fernán-Gómez, lo mejor de su carrera ha sido precisamente 'la convivencia con alguno de esos compañeros de rodaje'.

Muchos de ellos estaban anoche en Madrid acompañando al veterano actor: Carlos Saura, Paco Rabal, Álvaro de Luna, Lola Herrera, Concha Velasco, Luis García Berlanga, Francisco Algora, Charo López, María Asquerino, Paul Naschy, Juan Diego, Emma Penella, Esperanza Roy, Elena Anaya, Gustavo Salmerón, entre otros. Cómicos, como llama Fernán-Gómez a sus compañeros de oficio, a los que recibió sonriente y cariñoso. Si una hora antes en una rueda de prensa con motivo del homenaje se había dejado ver una vez más la poca gracia que le hacen al actor las entrevistas, ante sus colegas parecía otro. Recibiéndoles en la puerta, abrazándoles y agradeciéndoles: 'Estar aquí conmigo', Fernán-Gómez resultó ser como él se define: 'Un viejo afable y muy cariñoso'.

El actor, siempre acompañado por su compañera, Emma Cohen, puedo escuchar ayer los elogios de sus amigos. Eduardo Haro Tecglen recordó otros tiempos: 'El whisky nos alumbraba, y el amanecer nos sorprendía hablando y jugando'. Antonio Muñoz Molina, en un texto escrito para la ocasión, describe la faceta de académico del actor: 'Cumplidor, disciplinado, con un punto de guasa escolar en su obediencia a las normas'. Y Manuel Pérez Estremera expresó lo que su 'excesiva economía expresiva y timidez han impedido que le hiciese llegar: el gran cariño que le tengo'.

'Estamos orgullosos de ti', dijo Marisa Paredes, 'como lo estaría tu abuela, doña Carolina, la que te enviaba sabios consejos a Barcelona en unas preciosas cartas que incluyes en tu libro El tiempo amarillo. En ellas te decía: 'Yo quisiera que te hicieras popular lo antes posible. Estudia bien la mímica y no abandones tu porte de buena figura. Cuídate lo mejor que puedas, y a vivir y a hacerse célebre...'. 'Aunque sólo sea por doña Carolina', continuó la presidenta de la Academia, 'y por Carola, tu madre, y por todas las mujeres que te hemos querido y seguido, vale la pena que hoy te lleves este disgusto, Fernando'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 6 de junio de 2001