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Europa lidera la tecnología de las observaciones óptica e infrarroja del cielo

Los astrónomos consideran necesario que España entre en el observatorio ESO

El Observatorio Europeo Austral (ESO), sobre todo con la puesta en marcha de sus cuatro telescopios gigantes VLT de última generación, en Paranal (Chile), se ha situado a la cabeza mundial de la astronomía óptica e infrarroja. La capacidad interferométrica (observación sincronizada con varios telescopios para obtener una única imagen de alta resolución) de VLT va a marcar la distancia definitiva respecto a los dos telescopios estaodounidenses del mismo rango, los Keck de 10 metros de diámetro cada uno, que no fueron diseñados para esta técnica. Y la calidad de la instrumentación del nuevo observatorio europeo, que se añade al de La Silla, también en Chile, está dejando boquiabiertos a todos. Encima, ESO lidera la participación europea en el futuro radiotelescopio internacional ALMA, en desarrollo con EE UU y Japón, y proyecta un telescopio óptico de 100 metros de diámetro (OWL). España está en ALMA como socio independiente, pero no es miembro de ESO.

Intercambio de horas

En la Administración se baraja la idea de proponer ahora a ESO un intercambio de horas de observación de sus instalaciones con el futuro Gran Telescopio de Canarias (GTC). Varios científicos advierten de que ése no es el punto relevante. 'Yo puedo presentar proyectos a los observatorios de ESO y obtener horas; lo importante es involucrarnos en los proyectos desde el principio y adquirir conocimientos de los instrumentos, no ir como meros usuarios', opina Antxón Alberdi, del Instituto de Astrofísica de Andalucía. 'Además, sería muy ventajoso estar en ESO para el desarrollo de los instrumentos del GTC'.

Tampoco Xavier Barcons, del Instituto de Física de Cantabria,tiene problemas para observar con el telescopio espacial europeo de rayos X XMM Newton o con otros observatorios internacionales, aunque reconoce que a veces es más difícil, para los europeos en general, el acceso a las instalaciones estadounidenses. Ahora está pendiente de trabajar con el telescopio de ocho metros japonés Subaru en Hawai. Y tiene adjudicadas 80 noches de observación en dos años en el tiempo internacional de los telescopios del Roque de los Muchachos (Canarias). 'Pero entrar en ESO supondría no sólo el acceso a las observaciones al Hemisferio Sur y a la instrumentación más puntera que hay ahora mismo, sino también abordar la asignatura pendiente que tenemos: el desarrollo instrumental', dice.

Rafael Rebolo, del Instituto de Astrofísica de Canarias, que trabaja en cosmología, en evolución del universo y en búsqueda de planetas extrasolares, que ha hecho su carrera científica en Canaria sin estancias prolongadas de estudio y trabajo fuera de España, aunque ahora pasa 'una cuarta parte de mi tiempo en el extranjero', considera que 'nadie discute que estar en ESO sea conveniente'. Él destaca las oportunidades de obtener retornos tecnológicos de la participación en esa institución, junto a los retornos científicos.

Dice, además, que es un buen momento para ingresar, 'porque estamos en condiciones de poder desarrollar instrumentación y no perder nuestra inversión en que otros sigan haciendo esta tecnología que vienen desarrollando desde hace 40 años'. La existencia del Plan Nacional de Astrofísica, puesto en marcha recientemente, y la oportunidad que brinda para desarrollar instrumentos son claves, según Rebolo. Él se queja de que 'cuando se ha hecho un anuncio de oportunidad para desarrollar instrumentos para el GTC ha habido seis propuestas del IAC y ninguna de otros grupos españoles'.

Prioridades

Acerca de si el proyecto GTC es prioritario o no en la astronomía española, 'no tiene por qué haber unanimidad en la comunidad científica', dice Salvador, presidente de la Sociedad Española de Astronomía (SEA), matizando que, aunque todos los astrónomos españoles deben alegrarse de que se construya un gran observatorio como ése, surgen dudas sobre si su desarrollo puede estar hipotecando la entrada en ESO.

'No se trata de intercambiar horas de observación, sino de impulsar a toda una nueva generación de astrónomos', señala José María Torrelles, del Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña. La idea es que los jóvenes científicos españoles tendrán que competir con sus colegas que están ya implicados en el desarrollo de los telescopios e instrumentos más avanzados y, al estar al margen, estarán en inferioridad de condiciones. 'El boom de crecimiento y expectativas de la astronomía española', dice, 'se está apagando ya, creo que ha habido en los últimos años retroceso de ilusión entre los jóvenes astrónomos, y una estrategia para recuperar el empuje puede ser la fórmula GTC+ESO'. Ésta es la fórmula defendida por la SEA.

Un informe sobre perspectivas aprobado en la Comisión Nacional de Astronomía el pasado enero recomienda la entrada de España en ESO, informa Jesús Gómez, secretario de la misma.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 6 de junio de 2001