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El debate sobre el euro

Los británicos comienzan a perder el miedo a Europa y al euro como arma electoral

Una gran victoria de Blair facilitaría el referéndum sobre la incorporación a la moneda única

La amplitud de la victoria de Blair será un termómetro de hasta qué punto ha fracasado la apuesta conservadora de espantar a los británicos con el fantasma de Europa y su moneda. Cuanto mayor sea la victoria laborista, mayores serán las posibilidades de que el Gobierno pueda ganar, llegado el caso, el referéndum del euro.

Los sondeos demuestran que los británicos siguen estando contra la moneda única, pero son más flexibles. 'Ahora es mayoría la gente que dice que no, pero cuando se pregunta a largo plazo aumenta el porcentaje de gente que dice que sí', asegura David Currie, profesor de la City University Business School, abierto partidario del euro y asesor ocasional del Partido Laborista.

'Si el Gobierno dice que es positivo, más gente podrá sumarse al sí. Es un factor que hace creer que el referéndum se puede ganar si el Gobierno gana las elecciones. Sobre todo en 2002, cuando circule el euro. Los británicos dirán 'ves, ya funciona', porque son muy pragmáticos', asegura lord Currie de Marylebone. Si el país lo rechaza, tampoco será una catástrofe, admite, pero se privará de sus ventajas: transparencia de precios y costes, fin de las incertidumbres de cambio, mercados financieros integrados y más baratos.

'Es muy difícil que gane el al euro', sostiene Daniel Hannan, joven eurodiputado conservador radicalmente opuesto al actual modelo de construcción europea. Apuesta por la Europa del comercio y el apoyo mutuo, pero sin grandes vínculos institucionales y, desde luego, sin moneda común. Cree que el tiempo está demostrando que el Reino Unido puede vivir con la libra. 'El mayor argumento era el aislamiento, pero han pasado dos años y no ha ocurrido nada. Y el euro ha bajado frente a la libra e incluso frente al peso cubano. Aunque soy conservador y no me importa el tipo de cambio. Eso es cosa de los mercados', ironiza.

'La estructura de nuestra economía y comercio es muy diferente. Para un holandés, es lógico unir su moneda a la de Alemania. Hace 30 años que el florín sigue al marco. Nuestra posición es distinta. Como ha dicho William Hague, entrar en el euro sería como meter un elefante en un barco: no hay equilibrio'.

Daniel Franklin, director editorial de The Economist Intelligence Unit, ve cuatro dificultades para la integración de la libra. 'Gran Bretaña tiene problemas concretos diferentes, como el ciclo cambiado, y eso plantea dificultades. En segundo lugar, en estos momentos es más valorada nuestra moneda que el euro. Eso es una desventaja competitiva para la industria. En tercer lugar, los tipos de interés afectan mucho al mercado de la vivienda, que en el Reino Unido se basa en tipos variables y en Alemania sobre todo en tipos fijos. Y por último, pero no menos importante, la opinión pública, que de momento está en contra'.

'Hay razones económicas que lo dificultan, pero también razones políticas', explica Franklin. 'Desde la crisis de 1992, cuando la libra se salió del mecanismo de cambios del Sistema Monetario Europeo, la economía de Gran Bretaña va muy bien, hay un gran crecimiento y empleo'.

'Para España, entrar en el euro significa llegar a la cima de los países europeos, acabar con el aislamiento de Franco; el euro ha sido un momento culminante. Para el Reino Unido es muy diferente', sostiene. 'Para algunos países, Europa es el punto de referencia de los derechos y las libertades que no tienen asegurados. Para los países más pequeños es la manera de pertenecer a una fuerza más grande. Pero aquí se ve Europa como la imposición de una disciplina económica y unas reglas que no todos quieren'.

'Gran Bretaña tiene una continuidad institucional que falta en otros países europeos. España, Francia, Italia y Alemania han tenido grandes trastornos, han tenido nuevas constituciones, han reinventado el Estado. Los británicos nunca han tenido que hacer eso, no han tenido una revolución desde la guerra civil. Por eso les es muy difícil aceptar la idea de cambios constitucionales frente a legislaciones centenarias', apostilla Daniel Franklin.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 6 de junio de 2001