'¿Alguna de las personas que le torturaron está en esta sala?', preguntó ayer en dos ocasiones uno de los letrados de la acusación en el juicio que se sigue en la Audiencia de Vizcaya contra diez guardias civiles por malos tratos. Y, por dos veces, la respuesta fue la misma. Dos testigos, detenidos en Zornotza (Vizcaya) por la Guardia Civil durante una operación antiterrorista a finales de 1980, se dieron la vuelta y, mirando al banquillo de los acusados, apuntaron al tribunal a una persona avejentada con el pelo poblado de canas. El señalado era Lucio de Sosa Robledo, condenado en 1987 y en 1990 por esta misma Audiencia a sendas penas por torturas.
La sesión de ayer estuvo dedicada a la declaración del médico forense Rafael Alcaraz, quien detalló las 'lesiones de origen traumático' que presentaba tras la operación del instituto armado Agustín Gisasola, el panadero de Zornotza, quien finalmente fue puesto en libertad sin pasar a disposición judicial. La sesión se completó con el relato de las torturas supuestamente infligidas a los detenidos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 20 de junio de 2001