No es cuestión de intentar reabrir la polémica sobre las cajas. El proceso de renovación de cargos está en marcha. La polémica, dice la CEA, está zanjada. Sin embargo, tal vez sea el momento de desandar algo el camino. Podría ser interesante detenerse en alguna de las frases que se han dicho. Analizarlas después de la batalla. Puede que dieran la clave de algunos comportamientos. De ahí su interés. Destaco una sobre las demás. La pronunció el presidente de la CEA. Fue cuando apostó sin disimulos, y muy apasionadamente, por un triunfo del PP en Andalucía. Se podía pensar lógicamente, que Rafael Álvarez Colunga estaba próximo al PP. Algo que es normal. No obstante, dos semanas más tarde, exige la destitución de la ministra Celia Villalobos. Razón: retirada del orujo.
Sus simpatías se vuelven confusas, aunque puede que no lo sea tanto. Es posible que sean reflejo de las reglas por las que le gustaría regirse a un sector del poder económico. Entre ellas, que no dependa de una ideología política determinada, aunque una sean más cómodas que otras.
Parece evidente. Antes, cuando las cajas, estaban en tela de juicio el cumplimiento del principio de legalidad. Hoy, por mucho que nos perjudique, es el derecho de los ciudadanos a la salud. En ambos casos existen intereses económicos que la fusión y la retirada del orujo dejan en segundo plano. En aquél, el PP-A dijo que de cumplir la legalidad nada. La CEA, puesto que no rectificó a su presidente, se alineó con esta postura. En esta ocasión, el PP ha dicho que fuera el orujo. La CEA que dimita Celia, y en el PP gusta menos.
Hay claridad, y si alguna duda queda, la despeja el presidente de la CEA cuando afirma: 'No merece la pena nada que tenga un coste político o económico'. Es posible que para algunos sectores sea así. Sin embargo, el cumplimiento de las leyes en un Estado de derecho, y el cuidado de la salud de los ciudadanos, merecen que tengan algún coste, cuando se ignoran.
En cualquier caso, en la vida, en nuestra sociedad, es importante saber distinguir para conocer. Sobre todo cuando entre sus valores no está que el capitalismo vuelva a las posiciones del siglo XIX. Un peligro del que hace unos años ya advertía Günter Grass.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de julio de 2001