Mario Flores pinta paisajes y retratos de tanto colorido que resulta difícil aceptar que su improvisado estudio sea la celda de un metro por dos donde espera una oportunidad para escapar a la inyección letal a la que está condenado. Mexicano, de 36 años, lleva 17 años en el corredor de la muerte en la cárcel de Illinois (Chicago) acusado de un homicidio del que se proclama inocente. Sus pinturas se han convertido en su manera de reivindicar la revisión de la sentencia y en un alegato contra la pena capital. Unos 50 cuadros del artista se exponen desde ayer en el Centro Cultural de la Diputación de Málaga para 'remover conciencias y alzar la voz contra la pena de muerte'.
Mario cuenta con tres aliados: Joaquín José Martínez -el español liberado del corredor de la muerte tras la repetición del juicio que demostró su inocencia- y sus padres. Ayer, los tres llegaron a Málaga para asistir a la inauguración de la muestra y apoyar a los padres de Mario en su demanda de un nuevo juicio 'para demostrar su inocencia'. Joaquín José se comprometió a hacer todo lo posible por ayudarles. Con tono pausado, pidió que no se le trate como un héroe: 'Soy una persona normal que está luchando por los derechos de otros que no pueden. Sé lo que está sufriendo Mario, pero no hay nada imposible'.
Mario fue condenado en 1985, acusado de asesinar al miembro de una pandilla un año antes. Él siempre mantuvo su inocencia. A lo largo del proceso se produjeron errores, contradicciones y extravíos de declaraciones de testigos. Aún así, este joven, cuya familia emigró a Estados Unidos cuando él tenía siete años, fue condenado a muerte. La ejecución de la sentencia se ha aplazado tres veces.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de julio de 2001