El Roberto Heras del Tour no es el mismo que hace poco más de nueve meses se hizo grande ganando la Vuelta a España. Su vida ha cambiado. Dejó su país y su equipo por estar al lado del ciclista con más galones del pelotón mundial. A su lado ha ganado en sueldo y posibilidades de convertirse en un corredor completo, pero ha perdido ránking. De momento, sus deberes implican vivir en la sombra. Él lo sabe. También Lance Armstrong y su director, Johan Bruyneel, y han tenido hacia el español un detalle pequeño pero revelador. Heras correrá el Tour con el número 2 en el dorsal. En principio, podría parecer lógico. El uno es indiscutible, pertenece al bicampeón americano. Heras, segundo de a bordo en el US Postal, tiene derecho a ocupar el siguiente puesto en la lista. Sin embargo, es la excepción. Es el único corredor de la carrera con el que no se respeta el orden alfabético. En los otros veinte equipos se sigue un orden escrupuloso.
Su victoria en la última Vuelta tiene mucho que ver en el privilegio que le han otorgado. Pesa tanto que relega al número tres al campeón olímpico de la contrarreloj, Vjatceslav Ekimov. Además, se trata de un anticipo simbólico para pagar a Heras su labor asignada en el Tour. A él le resultará difícil sacrificar sus ímpetus personales por llevar en volandas a Armstrong hasta la última cuesta. Hasta la segunda semana puede refugiarse en el anonimato.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de julio de 2001