A primera vista, el ambiente de los Campeonatos es magnífico: los mayores talentos jóvenes del ajedrez español, desde sub-10 a sub-18 en las competiciones masculinas, y hasta sub-20 en las femeninas, se concentran cada año en este complejo turístico de la Costa del Azahar, al borde del mar, que también ha organizado los Campeonatos del Mundo desde 1998; las condiciones de seguridad y tranquilidad son idóneas para este tipo de competiciones.
Pero, durante las partidas, la tensión es visible alrededor de la gran sala de juego, rodeada de una cristalera transparente. Encaramados sobre ella, o a través de prismáticos en algún caso, los padres más nerviosos sufren como si su futuro dependiera del juego de sus hijos. La mayoría aparenta estar más sosegada y pasa la tarde en un jardín cercano, donde la tertulia surge de manera natural.
Uno de los árbitros, ya veterano, emite un diagnóstico que resume la percepción general: "Bien porque anhelan que su hijo o hija llegue a ser un nuevo Kaspárov, o simplemente porque quieren alardear de los éxitos, la mayoría de los padres están tensos. El problema estriba en que algunos no pueden reprimirse, y la trasladan a los chavales".
Por ejemplo: "¡Pero cómo me has hecho esto!" le dice públicamente una madre descompuesta a su hijo de diez años, mientras éste llora pocos minutos después de sufrir una derrota. Presos entre dos fuegos, los entrenadores afectados no saben qué hacer: "La actitud de esos padres es muy contraproducente para el rendimiento deportivo de su hijo, por no hablar de su equilibrio psicológico. Si el niño disputa una partida amedrentado, temeroso de hacer una jugada arriesgada porque, si le sale mal, recibirá una bronca de órdago, no puede dar rienda suelta a su creatividad, y juega mal. Si intentas explicárselo al padre, te dice que nadie sabe mejor que él cómo educar a su hijo", manifiesta uno de ellos.
Otros padres, pocos pero muy ruidosos, muestran un comportamiento obsesivo: apenas entienden nada de ajedrez pero no quitan la vista de la mesa que ocupan sus hijos, ven trampas por todas partes y protestan al árbitro por cualquier minucia. Uno argumentó que la rival de su hija iba al servicio con un teléfono móvil para comunicarse con su entrenador durante las partidas, lo que está rigurosamente prohibido.
Sin embargo, sería injusto generalizar porque hay muchas clases de padres. Para algunos, como los de las hermanas canarias Sabrina y Belinda Vega, campeonas de España sub-14 y sub-16, respectivamente, el ajedrez ya es una parte fundamental de sus vidas: Sabrina es una de las mejores del mundo de su edad; Belinda, que empezó a jugar más tarde, también exhibe un talento enorme. Otros, que pasan desapercibidos, utilizan el ajedrez como una herramienta muy útil para que sus hijos aprendan jugando y jueguen aprendiendo: "No te preocupes por haber perdido. Lo fundamental es que te diviertas", dicen a sus vástagos mientras les conducen a la playa para un baño reparador.
Resultados y clasificaciones: www.jaque.tv
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de julio de 2001