Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
Crítica:DANZA

Debutantes y aspersores

El primer programa del Kirov ha sido decepcionante desde todo punto de vista. Quien vende mercenariamente los bolos internacionales de esta gran compañía no puede ser inocente del camelo y juega arteramente con la buena voluntad de festivales y temporadas estables: ninguna estrella, grabaciones deficientes, bailarinas de tercera distribución.

¿Dónde están Vishnieba, Lopátkina, Zelenski, Ruzimatov, Majalina, Aisimuratova o Yonkeva? Por sólo citar algunos de los primeros bailarines de San Petersburgo. Ninguno ha pisado Granada.

La versión de Las sílfides fue de puro trámite, bailada por inexpertos debutantes poco concienciados con el estilo fokiniano y además regada por el ruido impertinente del riego por aspersión de los jardines monumentales, que comenzaron sin previo aviso a funcionar en medio de la función.

Ballet Kirov-Marinskii de San Petersburgo

Las sílfides: Fokin / Chopin; El espectro de la rosa: Fokin / Carl Maria von Weber; Paquita: Petipa / Minkus. Jardines del Generalife, Granada, 5 de julio.

Un timo

El espectro de la rosa resultó un timo indigno. Un espectro sin ventana no es un espectro. Con un vestuario cromáticamente equivocado, Adrian Fadeyev, un bailarín con facultades y proporciones exquisitas pero sin el baloon (la técnica y dote de dar la ilusión de sostenerse en el aire, y médula coréutica de esta pieza) esperado, sólo tuvo apenas dos o tres momentos aceptables.

Daba risa que en vez de dormirse la bailarina sobre un fauteuil regencia (como marca Bakst), lo hiciera en la famosa silla de mimbre de Emmanuele, pero cubierta por un trapo ominoso que ocultaba al bailarín.

Paquita fue bailado con prisas y desajustes, en un constante galop sin matices que desdibuja el perfume petipatiano y el regusto por la bravura de carácter.

Y los tutús parecían proceder de varias producciones ajenas entre sí.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de julio de 2001