Hacía tiempo que no leía un artículo tan cínico y frustrante como el de Emilio Lamo de Espinosa sobre los nacionalismos. Es cínico porque pretender que hoy, en España, 'los nacionalistas exhiben sus símbolos y banderas una y otra vez, mientras los españoles hemos aceptado que la nuestra, por ejemplo, no puede exhibirse pasado Pancorbo, para no molestar', es falsear completamente la realidad de lo que acontece. Hay bastantes edificios públicos en Cataluña que sólo exhiben cada día la bandera española, por ejemplo. Y, para rebajar la solemnidad, es conocida la grotesca normativa que prohíbe que los distintivos autonómicos figuren en las placas de las matrículas. De modo, señor Lamo de Espinosa, que, a pesar de que usted afirma que 'España es uno de los pocos Estados de la Unión Europea ampliamente plurinacionales y plurilingüísticos', en este caso concreto no podemos llegar a la práctica común de Francia, Alemania, Bélgica... Por cierto, sería absolutamente imposible que en Gant, ciudad de la Bélgica donde se habla flamenco, en un acto oficial organizado allí, se impidiera hablar en flamenco, como ocurrió en Barcelona con el catalán en la final de la Copa Davis. Son algunos ejemplos donde se puede comprobar la enorme influencia y peso devastador de los nacionalismos periféricos...
Pero el artículo es frustrante porque demuestra, además, lo poquísimo que se ha avanzado, en algunas mentes, en la aceptación sincera de la riqueza que representan las diversas culturas que, por la dinámica de la historia, hemos llegado a convivir en España. Desde luego, artículos así no ayudan a que tal convivencia sea cómoda. Es un artículo corrosivo, para hacer gracia en determinadas tertulias..., pero que no sirve para construir nada. Personalmente, orgulloso de ser hijo de un canteiro gallego y de estar casado con una andaluza, me siento nacionalista catalán en el sentido de defender una tierra con una apasionante historia y viva personalidad, que queremos mantener. No nos sentimos superiores a nadie -como afirma tan gratuitamente el señor Lamo-,pero sí decididos y confiados a poder 'globalizarnos' conservando nuestra manera de ser. Es penoso que esto, tan elemental, siga molestando a determinadas personas.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de julio de 2001