Ya tenemos el verano encima y muchos las vacaciones, que es más tener, por lo que se impone la frescura, que no son las ganas de darles a ustedes, veraniegos lectores, un portazo en las narices -aunque también- sino la obligación, parece, de convertir la columna en un polo de menta. Llega el verano y las redacciones se transforman en grandes demandantes de frescor, así que para satisfacer tanta petición me gustaría convertirme, humildemente, en el desodorante que nunca les abandona y a tal fin les haré un pase de filminas, porque no abandonar es como aburrir y ¿acaso han visto cosa más aburrida que las diapositivas de los demás? Pues eso, que no iba a ser uno fresco en balde.
Diapo 1. El viaje. No hay verano sin viaje. Y para viaje de verano el de Zapatero. Resulta que se le suponía en la izquierda y anuncia un viaje hacia el centro que en realidad no es hacia el centro sino hacia la izquierda. Lo que se dice un periplo, pues para eso sale y vuelve al mismo sitio. A no ser que no estuviera ahí sino en un centro que, con tanta gente disputándoselo, más parece de acogida. Me da la impresión de que Zapatero tiene su planeta particular, porque para eso se parece tanto al Principito. Por cierto, a lo mejor se encuentra con su prima la astrónoma -lo juro, existe- que también tiene uno. No en vano se dedica a cazar asteroides y ha cazado el que lleva su nombre: Shoemaker, que quiere decir Zapatero en inglés. Aunque ser primo no significa hacerlo. Ni siquiera en inglés.
2. El atasco. No hay viaje sin atasco. Ahora, ninguno comparable al que ha organizado Cardenal. Todavía no sé si el nombre se debe a lo cardenalicio o al color que le sale a uno donde le han pegado. Porque Cardenal pega fuerte. Y atasca. Pongamos, por ejemplo, que coge el expediente de un tal Piqué; pues bien, enseguida se las pinta para meterle un tapón que le impida seguir adelante valiéndose además de su condición de fiscal mucho para dejar fuera al fiscal poco, ya que el pobre -el pobre poco- sólo podía aducir en su favor el haberse leído los miles de páginas del voluminoso expediente Ercros. Claro que el problema que tiene Aznar, es que ha repetido por ce y por be hasta atascarnos las orejas que sólo tomará medidas contra Piqué en caso de que le imputen. ¿Será por eso que el fiscal hematomas trata de zancadillear cualquier intento de que eso ocurra?
3. El baile. No hay atasco sin su baile. Digo, verano. Y aquí, el que ha hecho su movimiento sexy es Ibarretxe. Si no fuera sexy habría que haberlo calificado de mutis. O sea, por el foro. O de Kasachok -por lo de encerrarse en casa-, a menos que se trate de un arin-arin con todas sus consecuencias. La cosa es que mientras Ibarretxe se pega su espatadantza, quiero decir, su espantada, dejando le escena vacía, parece que la escena no existe. ¿O no se han dado cuenta, de que en toda esta temporada larga que llevamos sin oír hablar constantemente de la soberanía, de lo que falta para construir el país, del país -en definitiva- es cuando menos país hay? Ya me parecía a mí que mucho del país se hace hablando constantemente de él. Cuando no se habla, el país va a su bola y se ignora, y lo más curioso es que no parece echarse en falta. ¡Qué país!
4. Senderismo. No hay país sin senderos. Aunque cuando llega el verano no hay senderos sino senderismo. Aralar, que es un monte, también tiene sus senderistas, aunque de hecho esta vez se ha puesto en marcha toda la montaña para pasmo de los Mahomas de turno, que ya le están achacando todo lo achacable: que se haya convertido en un monte trampa, que está polucionado y traidor. A los demás nos parece estupendo que la montaña haya bajado del monte porque, aunque vivimos en el jardín de los senderos que se bifurcan, nunca está demás entenderse o no entenderse de palabra.
Y 5. No hay sendero sin almuerzo, por eso, quemen un bosque, echen a las brasas un cerdo con peste porcina, aderécenlo con aceite de orujo y una pulgarada de aftosa y ríase de la salmonella. Porque tampoco hay verano sin ella ni carrerilla sin San Fermín.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 7 de julio de 2001