El informe recién presentado en el Reino Unido tras el fallecimiento de 35 menores operados del corazón entre 1993 y 1995 en el Royal Infirmary de Bristol, hospital general de la ciudad, ha dado ya sus primeros frutos. El Gobierno ha aceptado su condena del sistema sanitario público y el hecho de que calificara de innecesaria y de 'tragedia griega' la muerte de tantos niños por culpa de la arrogancia e inexperiencia de los cirujanos, y ha anunciado la creación de un Servicio Nacional de Salud Infantil,para supervisar el funcionamiento de los centros médicos estatales con departamentos para niños y tratar de evitar que la descoordinación y la conspiración de silencio de Bristol se repita en otros lugares. Su director será Al Aynsley-Green, catedrático de Pediatría del hospital Great Ormond Street, mundialmente famoso por su medicina infantil.
Alan Milburn, ministro de Sanidad, ha prometido una oficina que informe a los pacientes de qué tipo de especialistas van a tratarles y puedan comparar ese trabajo con el de otros colegas.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 20 de julio de 2001