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Reportaje:LA PLAYA | Torremolinos y Francisco Ruiz de Elvira

La pérdida de la soledad

Aquel verano lo pasamos en uno de los escasos chalets junto a la carretera. Para bañarnos, recorríamos un camino de tierra hasta llegar a una playa, desierta en unos 200 metros, donde alguien había levantado para nosotros una especie de caseta hecha de cañas.

Con esta descripción es imposible hoy reconocer el lugar. Bastaría decir, sin embargo, que esa playa limitaba al este con un peñón sobre el cual se levantaba un edificio que todos conocíamos como 'el castillo del inglés' y, al oeste, con un típico barrio de pescadores en torno a una pequeña iglesia. Era La Carihuela.

Hoy, después de 72 años, la carretera se ha convertido en la calle principal de una enorme ciudad con varios nombres -Benalmádena, Fuengirola, Mijas...- que ha cubierto todo el litoral y que se sube por las laderas. Este gigantesco desarrollo ¿ha sido para bien o para mal? No lo sé, pero sí estoy seguro de que se podía haber producido con más sentido común y más respeto a la naturaleza. ¡Y pensar que mi hermana y yo nos llevamos un disgusto cuando vimos, en los años 40 o 50, que un 'rascacielos' -el Hotel Pez Espada- interrumpía la línea costera!.

La Carihuela no era, en realidad, la playa de Torremolinos. Aparte de lo que fue una pequeña cala a la izquierda del 'castillo del inglés', la playa de Torremolinos era la que se extendía hacia el este, a lo largo de varios kilómetros. A su primer tramo, junto al pueblo, se la llamaba del Bajondillo y a ella llegábamos por una empinada y difícil senda desde el cementerio. Allí había un par de chiringuitos (palabra que desconocíamos) y hasta la desembocadura del Guadalhorce, solamente nos encontrábamos con el Sanatorio Infantil (convertido hace años en hospital). Cerca de este solitario edificio, hoy rodeado y casi escondido en la enorme aglomeración urbana allí creada, también nos estuvimos bañando otro verano, yendo desde nuestra casa de Churriana en el coche de mi tío.

Y un recuerdo final de aquellos tiempos. Aún más cerca del Guadalhorce se empezó a construir, allá por 1934 o 35, lo que iba a ser un parador para jugar al golf; algo muy exótico para entonces. El parador se terminó después de la guerra y aquel primer campo de golf de la que todavía no se llamaba Costa del Sol se ha multiplicado y sigue multiplicándose. ¡Hasta tenemos un gran jugador que es de Churriana!

Francisco Ruiz de Elvira es escritor y nació en Manzanares (Ciudad Real) en 1920.

ASÍ ES HOY

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 8 de agosto de 2001

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