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Los 50 maquinistas de trenes regionales en huelga no llegan a ningún acuerdo con la dirección de Renfe

La protesta dejó ayer en tierra a otros 3.000 usuarios de la red ferroviaria

Aunque en un ambiente más tranquilo, la estación de Sants seguía ayer repleta de turistas desconcertados por la anómala situación provocada por los 50 maquinistas de trenes regionales de Renfe en Cataluña. 'Nosotros tomamos precauciones y vinimos sin prisa', decía estoicamente Mari Carmen Esteban, quien se trasladó con su familia a Barcelona desde Puigcerdà.

El presidente de Renfe, Miguel Corsini, pidió ayer a los maquinistas que 'depongan su actitud', y agregó que es una huelga 'ilegal y abusiva, ya que al ser de celo, no podemos hablar de servicios mínimos. Se toma al usuario como rehén'. No obstante, el presidente de Renfe cree que pronto se solucionará el problema. 'Hemos hablado con los principales miembros del SEMAF, pidiéndoles que expliquen a esos trabajadores cuáles son los acuerdos firmados. No podemos firmar un convenio a la carta con cada maquinista', afirmó Corsini.

Por su parte, el director general de Puertos y Transportes de la Generalitat, Enric Ticó, envió ayer una carta al Ministerio de Fomento en la que le pide que interceda. 'Pedimos que tome las medidas oportunas para restablecer el derecho a la movilidad', afirma Ticó.

Las reacciones de repulsa por las incomodidades generadas por los maquinistas se sucedían en la estación de Sants. Sergi Botaina, un pasajero que esperaba viajar a Milán anoche manifestaba su enfado por la situación: 'Lo que me molesta más es que cuando no empieza una huelga, empieza otra. Primero es la huelga del tren, después Iberia, luego el metro. Van una detrás de otra. Al final, en vez de preocuparnos por los empleados que plantean sus reivindicaciones, nos terminamos cabreando'. Sergi llevaba más de una hora de espera para comprar el billete, y se encontraba en la mitad de la fila.

Las esperas para efectuar las reservas duraban alrededor de una hora y media. A la huelga de los maquinistas se suma -en otras estaciones- la de los taquilleros, que dejan de trabajar dos horas y que piden mejoras en sus condiciones de trabajo.

Al fin, una vez que el usuario es atendido, después de la espera, puede ser que no encuentre plaza. 'Todavía no sabemos dónde dormir', decía Barbara M., una joven italiana que viajaba con dos amigas, 'no teníamos pensado quedarnos; en realidad, nos íbamos hoy a Madrid'.

Los turistas que perdieron las conexiones de trenes por los retrasos durante los días de huelga deambulaban por Barcelona buscando hoteles económicos.

'Ya estamos acostumbrados', comentaba Miranda, una estadounidense que vive con su esposo en Francia. 'La diferencia entre España y Francia es que allí nos avisan con dos días de anticipación'. Marie Cases, de Toulouse (Francia), debía volver a la oficina anteayer, pero el domingo no pudo viajar porque su tren estaba suspendido. El lunes todavía estaba esperando una plaza. 'Uno de los problemas más graves es que nadie nos informa. Vamos de cola en cola y nadie sabe qué sucederá. Tenemos el billete, pero no sabemos si el tren saldrá o no'.

Los maquinistas avisan que no trabajan en el mismo momento en que el tren debe salir. Los maquinistas catalanes se quejan de que el nuevo sistema de retribución del convenio colectivo no les favorece porque establece las primas en función de los kilómetros recorridos, cuando ellos quisieran cobrar con relación a las horas trabajadas en el recorrido. El convenio salarial fue firmado desde el primero de agosto por los mismos sindicatos que agrupan a los maquinistas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 8 de agosto de 2001