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Entrevista:ALBERTO GARCÍA | MUY PERSONAL | Campeonatos del Mundo de Edmonton | ATLETISMO

'El 13 me da mala espina'

Alberto García (Madrid, 22-2-71) disputará mañana la final de 5.000 metros. Uno de los pocos blancos en una especialidad de gran dominio africano. El bronce conseguido en el Mundial en pista cubierta de Lisboa y, sobre todo, una victoria en la reunión de Estocolmo, donde rozó los 13 minutos, le han hecho olvidar la sensación de fracaso que le dieron el Mundial de Sevilla y los Juegos de Sydney, donde no se clasificó para la final. Ha vencido el miedo al fracaso y ya no teme a nadie.

Pregunta. Una manía, una extravagancia, una superstición.

Respuesta. El 13. Cuando me toca un dorsal con ese número me da muy mala espina.

P. Un hobby enfermizo. Algo que le haga perder la noción del tiempo.

R. Cuando no me estoy entrenando lo que más me gusta es estar con mi familia o paseando con mi novia. No tengo mayores aficiones.

P. ¿A qué teme en la vida?

R. Antes le tenía un miedo tremendo al fracaso. Era el principal culpable de lo que me pasaba, pero el año pasado, tras los Juegos, toqué fondo y decidí que lo importante era disfrutar de lo que hacía, y competir sin presión y con ganas de hacerlo bien.

P. ¿Qué es lo que más le gusta del oficio de atleta?

R. Que todo el trabajo fructifique. La alegría que se lleva toda la gente que ha sufrido contigo y que te ha apoyado.

P. ¿Y lo que más odia?

R. Que la gente no reconozca la grandeza del deporte, y el trabajo que hay detrás, y las críticas cuando algo no sale bien.

P. Una película.

R. Titanic.

P. Una canción.

R. No soy aficionado a la música.

P. Un libro.

R. Los pilares de la tierra.

P. Una mujer, aunque sea inalcanzable.

R. Mi novia, Elena, aunque nunca se ha relacionado con el atletismo.

P. ¿En qué atleta le gustaría reencarnarse?

R. En Said Auita.

P. Un lugar, un momento mítico.

R. Cuando gané la San Silvestre de Vallecas, con la que siempre he soñado. Vivo ceca del campo del Rayo y de chaval bajaba a ver la carrera. Un año vi pasar a José Luis González y sentí una gran envidia. Cuando lo conseguí fue mi primera victoria importante. Y la más bonita.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 8 de agosto de 2001