Una vez más se impone la violencia de los hechos consumados. El impacto estético y el hurto paisajístico que suponen los respiraderos del aparcamiento de la plaza de la Constitución de San Lorenzo de El Escorial evidencian la ausencia de sensibilidad, siendo benévolo en la adjetivación, de unos gestores municipales carentes de la vocación de transmitir fielmente el legado recibido. Y si esto es grave, más lo es la inhibición culpable de las administraciones central y autónoma (Patrimonio, Cultura, Bellas Artes) al no impedir o corregir tamaño despropósito.
Los ciudadanos, titulares del patrimonio local y nacional, tenemos el derecho y la obligación de exigir la intervención de los entes supramunicipales para enmendar semejantes atentados.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 8 de agosto de 2001