¿Cuál es el papel de la actual ofensiva contra la Ertzaintza en la estrategia de ETA? Una ofensiva similar se produjo a mediados de los noventa. En un texto de 1997, los jefes etarras se felicitaban de haber conseguido modificar la actitud del PNV 'tanto mediante la incidencia política de ETA, llevando a cabo acciones muy selectivas contra la Ertzaintza, como gracias a la presión de la kale borroka'. Esa ofensiva sólo se detuvo cuando se iniciaron las negociaciones que conducirían a Lizarra: una estrategia de avance hacia la independencia mediante políticas de hechos consumados desplegadas en alianza con el nacionalismo institucional.
Desde la ruptura de la tregua, ETA y su brazo político intentan recuperar esa estrategia emplazando a los nacionalistas a ser consecuentes con el soberanismo, romper con las instituciones y regresar al frentismo nacionalista, con independencia de que haya o no atentados. En una entrevista publicada en mayo del año pasado, la dirección de ETA afirmaba que PNV y EA tenían en sus manos 'la fórmula para desactivar la lucha armada'. Y también: 'La responsabilidad política de que el proceso no avance es del PNV y EA. Pero nosotros no hacemos la lucha armada contra el PNV y EA, sino contra los enemigos de Euskal Herria'. Es decir, atacar a los no nacionalistas para presionar a los nacionalistas.
MÁS INFORMACIÓN
Lo vino a reconocer Arnaldo Otegi la semana pasada cuando, en el homenaje a la etarra Olaia Kastresana, reivindicó como aportación de los militantes de ETA haber logrado situar la cuestión de la autodeterminación en el centro del debate político. La presión se manifiesta también de manera directa: la víspera de la entrevista del consejero Balza con Rajoy, dirigentes de Batasuna se concentraron ante Ajuria Enea para advertir a Ibarretxe de que cualquier acuerdo con Madrid sería considerado una apuesta por 'la represión' y la 'vía policial'. El mundo etarra traduce la idea nacionalista de que no hay solución policial como que la solución es la no intervención policial: la impunidad de los que asesinan concejales o abrasan ertzainas.
De ahí el dilema terrible en que se encuentran los nacionalistas. Los ataques a la Ertzaintza -dos agentes esesinados en atentados y varios heridos, uno muy grave, en episodios de kale borroka- son, como en los años noventa, un aviso al nacionalismo gobernante. Los compromisos públicos de Ibarretxe le llevarían a dar prioridad a la lucha contra quienes amenazan con convertirles, también a ellos, en víctimas. Pero ya no queda espacio para soluciones de conveniencia. La impunidad en que se ha movido el terrorismo callejero ha convertido a los encapuchados en una pieza clave de la intimidación de ETA. Si el nacionalismo le hace frente, será imposible recomponer la estrategia de imposición frentista, la única que le queda a ETA. Por eso la juventud obediente y combativa ataca a la Ertzaintza.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 8 de agosto de 2001