Los trabajadores de Sintel han entrado en la historia: dentro de unos años, cuando se escriba la historia de la España del primer tercio del milenio, los trabajadores de Sintel tendrán en ella un hueco. Han logrado, gracias a su constancia admirable, gran parte de lo que pedían desde ese espacio maravilloso del campamento de la esperanza; pero, además, han conseguido algo muy importante: somos muchos los que sentimos que con su actitud también se ha recuperado ese valor incalculable de la solidaridad y de la lucha pacífica por las causas justas, que el neoliberalismo brutal que nos azota está socavando lenta pero eficazmente. En los últimos años parecía que el sindicalismo, la exigencia de mejores condiciones laborales, la lucha, en suma, por un modo de trabajo más humano y más honrado, no tenía cabida en esta España que no va bien, aunque tantos se empeñen en contarnos otra historia. Gracias, amigos de Sintel, por vuestro inmenso esfuerzo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 8 de agosto de 2001