La crinolina es un quite que bebe en parte de la verónica y algo también de la gaonera. Es un lance cuidado, rítmico y cadencioso que no es fácil de interpretar, pero que en los últimos lustros ha sido popularizado por Joselito. Pero La Crinolina es también la revista de la peña taurina que el diestro madrileño tiene dedicada en Vitoria, uno de los focos más activos de la afición alavesa que viven en estos días de La Blanca su mejor momento del año.
La fiesta de los toros no cuenta con grandes respaldos en la capital más políticamente correcta del País Vasco. Así lo entienden aficionados y profesionales del mundo del toro que ven cómo las corridas se reducen a la Feria de La Blanca en la que, por cierto, no participa el único diestro alavés en activo, José Ignacio Ramos.
De ahí que esfuerzos como el de La Crinolina sorprendan en lo que es un páramo taurino. Con una cuidada maquetación, redacción y edición, coordinada por José Antonio García Díez (presidente de la peña) e Iker González de Garibay, periodista local especializado, la revista trata de rescatar del olvido esta parte de la historia de Vitoria.
Para comenzar, un recorrido por las plazas de toros de la ciudad, con especial atención a los cosos fijos, diseñados expresamente para la celebración de la lidia. La actual plaza la inauguraron el 3 de agosto de 1941 Vicente Barrera, Manolete y Gallito. Ahora, 60 años después, son otros los diestros que ofrecen su arte con más o menos acierto y muy distintos los toros que se emplean en la lidia.
Éste último es uno de los grandes problemas que destacan los aficionados de la Peña Joselito para que Vitoria pueda alcanzar no ya la categoría de Pamplona o Bilbao, pero sí la de Santander o Zaragoza, cosos cercanos que cuentan con una programación estimable. 'En una tierra donde ha habido de siempre una gran afición, nos encontramos con que Vitoria se va quedando atrás a causa de que los toros no ofrecen la casta imprescindible para una faena seria', comenta José Antonio García Díez, presidente de la peña y uno de los impulsores de La Crinolina.
No siempre fue así. Las crónicas que recoge la revista recuerdan tiempos en que la afición exigía a toreros y ganaderos un trabajo serio. El artículo de José María Sedano Escandaleras taurinas en Vitoria recoge cómo las pasó El Cordobés un día como el de ayer en 1970: 'El señor Benítez huyó hasta de los espectadores', después de dar una lección de medio pánico.
La Crinolina también se acuerda de los toreros de ayer y de hoy, con especial atención al mentor de la peña, al único representante vitoriano en el escalafón y, cómo no, a los que animaron las tardes de los primeros decenios del siglo XX, a partir de la colección de estampas de José Luis Sáenz de Ugarte. Y en este recuerdo no podían faltar los dos primeros toreros vascos de renombre, Mazzantini y Cocherito de Bilbao, recreados por Koldo Larrea.
La aportación de García Díez no podía ser otra que un recorrido por los toros en el arte alavés, como corresponde a su condición de pintor.
No opinan, ni mucho menos, lo mismo quienes, desde colectivos como ATEA (Asociación para el Tratamiento Ético de los Animales), con presencia durante estos días frente a la plaza, abogan por la prohibición de la fiesta.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 8 de agosto de 2001