El teólogo y monje de Montserrat Evangelista Vilanova ha sido autorizado a regresar al monasterio que fue obligado a dejar el pasado mes de diciembre por decisión del abad de la comunidad, Josep Maria Soler. El traslado de Vilanova, junto a los también monjes Hilari Raguer y Andreu Soler, se produjo a raíz de que trascendiera la existencia de un conflicto interno en el seno de la congregación benedictina motivado por comportamientos autoritarios y la existencia de actitudes homosexuales en algunos monjes (véase EL PAÍS del 29 de octubre de 2000). Vilanova se hallaba en el Centro Borja de los jesuitas en Sant Cugat del Vallès. Raguer y Soler, por su parte, se hallan todavía en las dependencias de la pequeña comunidad de El Miracle. El traslado forzoso fue interpretado como un castigo. Raguer y Vilanova están considerados dos puntales intelectuales de la comunidad. El tercer desterrado, Soler, ejercía responsabilidades administrativas en Montserrat.
El abad, por su parte, reclama el derecho a la intimidad del monasterio ante los tres casos de destierro en declaraciones a la revista Vida Nueva. Soler asegura: 'Pienso que lo sucedido entra dentro de una normalidad, puesto que el abad puede enviar a un monje a una casa dependiente e incluso conceder permiso para residir en otro monasterio o casa religiosa, para el bien de la comunidad o de las personas'. Soler afirma que mantiene un diálogo 'abierto' con los trasladados.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 8 de agosto de 2001